La casa de las siete chimeneas es uno de los edificios más conocidos del Madrid del siglo XVI y uno de los pocos ejemplos de arquitectura civil de su época. Fue mandado construir en 1577 por encargo de Pedro de Ledesma, secretario de Antonio Pérez, al arquitecto Antonio Sillero, a pesar de habérsele atribuido a otros nombres tan importantes como Juan Bautista de Toledo o Juan de Herrera. El edificio se encuentra en la actual Plaza del Rey, anterior calle Siete Chimeneas, como figuraba en el plano de Texeira en 1656, lo que recoge su popularidad. Su historia va ligada inevitablemente al cambio de propietarios y a las sucesivas variaciones que tendrá su arquitectura. En 1583 lo compraría con malas artes y engaños el comerciante genovés Baltasar Cattaneo reformando la casa, tres años después, con trazas de Andrea de Lurano, quien le añadió las cubiertas a cuatro aguas y sus famosas siete chimeneas, ganándose por entonces el nombre de “casas de Cataño”. La vivienda se vendería en 1590 al doctor Francisco Sande y Mesa, donde fundó el mayorazgo de la familia de los Colmenares, manteniendo su propiedad hasta 1881.

En 1623 la casa albergó la residencia del Conde de Bristol, embajador del Rey Jacobo I de Inglaterra, alojándose en ella el Príncipe de Gales, futuro Carlos I, en su visita a Madrid junto al Duque de Buckingham con motivo del compromiso matrimonial con la Infanta Doña María, cuyo matrimonio nunca se llevaría a cabo.
Durante el siglo XVII, la casa era un volumen sencillo rectangular, sin la torre que hoy puede apreciarse, con dos plantas y cuatro ventanales, como bien refleja Texeira. Se encontraba algo retranqueada con respecto a la c/ Infantas, debido a la existencia de un patio, siendo actualmente la entrada. La vivienda formaría parte de un terreno más extenso constituido por una huerta y otra construcción secundaria. Como dato curioso, en el Texeira solo aparecen dibujadas 6 de las 7 chimeneas. Por desgracia la casa ha sufrido innumerables reformas que han transformado su aspecto enormemente. La más importante fue su intento de conversión en Banco Castilla de manos del financiero Jaime Girona en 1881 borrando casi todos los rasgos que poseía del siglo XVI. Actualmente la casa está declarada como Monumento Histórico Artístico desde 1948 y es sede del Ministerio de Cultura.

Sin duda la fama de la casa se ha ido desarrollando con el paso de los años, basada en las leyendas de amores, muerte y fantasmas, vinculadas a su dilatada historia.
La primera de esas leyendas nos habla de la suerte de sus primeros habitantes. Al parecer un montero del Rey, compró los terrenos traseros al convento del Carmen con el fin de construir una casa para su hija Elena, desposada con un capitán de la noble familia Zapata, pero anteriormente amante del rey Felipe II quien habría sido su padrino de bodas. Al poco de habitar la casa, el joven partió al frente de Flandes, donde murió. La tristeza de la perdida hizo mella en el corazón de su esposa, quien revistió de luto, su casa y su persona, apareciendo muerta una mañana en su lecho. Las lenguas de los madrileños comenzaron a poblar los mentideros de murmuraciones acerca de las posibles visitas que un embozado Felipe II podía haber realizado a la joven viuda y que sin duda una terrible decisión tomada por el Rey o por su temible secretario Antonio Pérez habría truncado la vida de la mujer, presionado por Ana de Austria, la reciente esposa del monarca. Estos rumores sumados a la incierta desaparición del cadáver de la joven, e incluso a la aparición de su padre ahorcado poco después en la misma casa, dispararon la imaginación popular. Desde entonces hay quien afirmaba haber visto al toque de ánimas, un fantasma de una mujer vestida de blanco que andaba por los tejados con una antorcha y que se castigaba golpeándose el pecho mirando dirección al Alcázar.
Otras leyendas intentan establecer una relación entre el número de las chimeneas y los siete pecados capitales, mientras se habla de que la casa pudo servir como reclusión a una hija bastarda de Felipe II o ser de nuevo el lugar donde encontró la muerte otra de sus amantes, desposada con un viejo hacendado indio, cuyo cuerpo habría sido encontrado en los sótanos, con un puñal en el pecho y las arras de su boda esparcidas alrededor. También hay quien relaciona el edificio con una maldición que se extendió y sembró de muerte a sus habitantes, tanto en el motín contra Esquilache en 1766 durante el cual murió un mayordomo, como la inquietante relación entre la que sería la sede del Banco Castilla y la terrible muerte de sus propietarios. Así mismo los hallazgos realizados durante las obras en las que se encontraría el cadáver emparedado de una mujer y un puñado de monedas de la época de Felipe II parecerían corroborar parte de estas leyendas.
Sin lugar a dudas, la Casa de las Siete Chimeneas seguirá formando parte de la temible leyenda negra y de los pocos restos del Madrid de los Austrias.
Si os interesa escuchar la historia de la Casa de las Siete Chimeneas narrada en forma de podcast, podéis encontrarlo en La Mansión de Tarsis, a cuyos moradores, los habituales de Hijo de Blog ya conoceréis.