La Navidad en el siglo de oro era un gran acontecimiento dentro de la cantidad de festividades religiosas que había a lo largo del año. Entonces, como ahora, estas fechas se llenaban de actos y tradiciones más o menos simbólicas que se han ido conservando a lo largo del tiempo, desde la comida, la música a la decoración. Esto es un retazo de aquellas tradiciones que en la actualidad aún conservamos.
El 25 de diciembre se conmemoraba el nacimiento del hijo de Dios y era fecha festiva de alto rango. Los festejos eran fundamentalmente religiosos, centrándose en los actos litúrgicos como la misa, ahora llamada del Gallo, celebrada a la hora en que dicho animal anunciaba el día del nacimiento de Jesús. Durante estas misas era costumbre acompañar a las oraciones con representaciones o danzas religiosas, de esta manera los niños de los coros catedralicios, como el de Toledo, eran vestidos de ángeles y danzaban mientras cantaban villancicos. Las autoridades eclesiásticas usaban este tipo de cánticos y de música en lengua vernácula como medio evangelizador en los oficios religiosos.
Estas canciones eran originarias del siglo XV, como canciones populares o de la villa que fueron desarrollándose y pasaron de tratar temas de la sociedad de su época, a adquirir un carácter más religioso. En el siglo XVI los villancicos solían ser o polifónicos o a una sola voz siendo acompañados por la vihuela o por la guitarra más adelante. El villancico cobró tanta popularidad es este siglo que se ampliaron las composiciones para adaptarse a otras festividades religiosas. En el siglo XVII el género se complejiza añadiendo polifonías, llegando hasta 8 distribuidas en dos coros situados en distintas partes de la iglesia y acompañadas de arpa, órgano y violón, mientras los estribillos se hacen más largos y complicados.
Pero no solo el siglo de oro nos ha legado el concepto de villancico actual, sino que otras muchas costumbres se han originado o reforzado en aquella época. Una de ellas, es la del alumbrado navideño. Ya en 1629 quedó recogido en el Consistorio de Toledo una solicitud que abogaba por la iluminación en las calles con motivo de tal señalada fecha, que aún se conserva en el Archivo Municipal de Toledo. En ella se puede leer: «La noche de Navidad, ansí por la solemnidad de la fiesta como por la mucha gente que anda derramada por la Ciudad, se ha juzgado por muy combeniente y de mucha gloria de nuestro Señor, se ençiendan luçes en las ventanas, especialmente en las calles mas principales, que demás de ser demostraçión de alegría por el nacimiento de el Príncipe de el çielo, se evitaran muchos imcombenientes que suele aber aquella noche y las personas que ban a las Iglesias, a maitines, irán con más comodidad y seguridad».
La navidad como evento religioso está dotada, ahora y aún más entonces, de cierto significado que ha incentivado la vinculación de símbolos y actos que conmemoran el nacimiento de Dios. Sin embargo debido a la divergencia de pensamiento entre el catolicismo y el protestantismo, estos símbolos son diferentes y a menudo contradictorios, llegando sendos tipos de celebración mezclados hasta nosotros.
Por un lado, la representación católica de la navidad se veía reflejada en el Belén. El origen de esta figuración data del siglo XIII a manos de San Francisco de Asís. En España fue introducido en el siglo XV por la orden franciscana, y su utilización se extendió a un uso particular en el siglo XVII. Aún puede apreciarse estas pequeñas joyas barrocas expuestas en estas fechas por las iglesias madrileñas, entre ellas destacan destaca el Belén de Coral del Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid, del siglo XVI cuyas figuras están todas realizadas en coral, plata y bronce. También es preciso nombrar el Belén Quinteño de la Iglesia de las Carboneras, en el cual podemos apreciar como eran los belenes barrocos antes de la influencia napolitana, pues es expuesto desde 1604. Según el testamento de Lope de Vega, el poeta poseería un belén parecido que montaba en su casa. La peculiaridad de éste es la presencia de dos figuras típicas que desaparecerían de los belenes un siglo más tarde y que no se han vuelto a recuperar: un jinete que porta la estrella de los reyes y un heraldo que toca la trompeta anunciando la llegada del Mesías.
Por otra parte, la rama protestante rechazaban las imágenes figurativas, por lo que adoptaron el árbol como imagen del nacimiento del redentor. Parece ser que el árbol de navidad como tal tiene su origen en las zonas nórdicas, reconociéndose su utilización para esta función concreta a comienzos del siglo XVII en Alemania, con la influencia de los suecos en toda la zona germana con la Guerra de los Treinta Años. Éste sería decorado al principio con manzanas, para luego adquirir mayor colorido y presencia en los festejos navideños del norte de Europa.
Dentro de la simbología navideña no nos podemos olvidar del famoso Papá Noel. La versión americana de este personaje proviene del Sinter Klaas de Holanda y su aparición data del siglo XVII en Nueva York. Esto no es de extrañar dado que los holandeses establecieron colonias en America del Norte a partir de 1613. Nueva Holanda se extendía 300 km a lo largo del río Hudson, fundando en 1614 un fuerte en la parte superior del río al que llamaron Orange, y una ciudad llamada Nueva Amsterdam en una isla frente a la desembocadura. Esta colonia pasó a manos inglesas en 1664 cambiando su nombre, el fuerte pasó a llamarse Albany y la ciudad Nueva York de hay la aceptación de este personaje holandés en las propias historias navideñas americanas.
En cuanto a las comidas, la tradición más popular es la de los turrones. Este dulce de origen musulmán, comenzó a frecuentar su consumo a estas fechas en el siglo XVI, pues ya aparecen referencias en 1541 en una de las obras de Lope de Rueda. También en 1582 donde parece ser que el ayuntamiento de Alicante pagaba parte de sus dineros por Navidad con este dulce, a modo de “cesta navideña”. También su uso se recoge en 1584 por el jefe de cocinas de Felipe II, Francisco Martínez Montiño en su libro “Conduchos de Navidad”. Su elaboración se centralizaba en Jijona y en la ciudad de Alicante, pero bajo el reinado de Carlos II, un pleito impuesto por el gremio de pasteleros de Valencia pretendió supeditar a los confiteros alicantinos a sus estatutos lo que produjo que se redujera considerablemente su elaboración en Alicante, centrándose mayoritariamente en Jijona. El turrón que se elaboraba era parecido al turrón duro de ahora, ya que se mezclaba miel con almendras.
El día 6 de Enero se festejaba la Epifanía que tiempo después fue asimilada como el Día de los Reyes Magos, personajes tradicionales de los relatos bíblicos. De la misma manera el roscón formaba ya parte de la repostería desde muchos siglos atrás. Como dato curioso, en 1601 los abogados de Londres encargaron a William Shakespeare una obra de teatro, titulada Noche de Reyes, lo que demuestra el arraigo de esta festividad.
Así pues, a pesar de 400 años que nos separan, ciertas costumbres parecen permanecer y evolucionar con el ser humano.
¡Feliz Navidad!