Reseña: El alcalde de Zalamea
El Alcalde de Zalamea
Autor: Calderón de la Barca.
Adaptación y dirección: Eduardo Vasco.
Intérpretes: David Lorente, Ernesto Arias, Miguel Cubero, Peoa Pedroche, Pedro Almagro, Joaquín Notario, Alejandro Saa, David Boceta, Eva Rufo, Isabel Rodes, José Luis Santos, Alberto Gómez, Jose Juan Rodríguez, Eduardo Aguirre de Cárcer, Alba Fresno.
Escenografía: Carolina González.
Iluminación: Ángel Camacho.
Selección de vestuario: Lorenzo Caprile.
Tal y como comenté anteriormente, la Compañía Nacional de Teatro Clásico puso en marcha la famosa obra de Calderón de la Barca, “El Alcalde de Zalamea” con la dirección y adaptación de Eduardo Vasco.
La obra está ahora de gira por distintas ciudades, llevando los versos del eminente alcalde, defensor de su dignidad a pesar de su villanía, enfrentando el poder civil vara en mano contra el poder militar de la espada por el caso de la violación de su hija.
El texto y su argumento es de sobra conocido por todos, un grupo del ejercito toma asiento en el pueblo de Zalamea, donde permanecerán hospedados en las casas de los campesinos. A la casa de Pedro Crespo acudirá el capitán don Álvaro de Ataide, quien se encaprichará de la hija del rico, Isabel, quien no accederá a los deseos del militar. Despechado éste, optará por secuestrar y violar a la joven, abandonándola en el monte, siendo preso después por el recién nombrado alcalde, Pedro Crespo, quien impondrá la justicia civil por encima de la militar, requerida por el general Don Lope de Figueroa. Finalmente, ejecutado ya el criminal, será el propio Rey Felipe II quien suscriba la sentencia y dé su beneplácito nombrando a Crespo alcalde a perpetuidad de Zalamea.
La obra se ha llevado a escena con sobriedad en sus decorados, a veces agradecida y otras veces excesiva, con un fondo negro y un banco lateral donde permanecen los personajes fuera de escena esperando su turno. Sobre esta escenografía, los actores cuentan con poco más que su propio saber hacer para llevar a cabo las escenas de la obra, cuya carga dramática se ha suavizado bastante con cierto contra punto cómico y con el cambio en su personaje principal Pedro Crespo.
El futuro alcalde, interpretado por Joaquín Notario adopta en este montaje un aire menos digno y soberbio para adaptarse mejor al papel de hombre de campo, sabio en cuanto a cultura popular, pero no carente de cierto orgullo, un personaje que se deja querer a lo largo de la obra, gracias a una buena interpretación De la mano de Joaquín Notario y de la complicidad con José Luís Santos, quien interpreta a Lope de Figueroa, saldrán los mejores diálogos de la obra, donde se exponen la manera de pensar del villano contrastada por el punto de vista del noble, a quien no le queda más opción que trabar amistad con Crespo. De las demás escenas destacan el primer encuentro del capitán Álvaro con Isabel y la marcha militar de los soldados. Si bien la obra rebaja el punto dramático de la historia, no llegando a su punto álgido con la necesidad justiciera que acucia al alcalde deshonrado.
Durante las casi dos horas de función, se mantiene el interés continuado, sin resultar pesado aún a falta de intermedio, ayudando a mantener la tensión de la historia hasta el desenlace de la misma.

La silla de manos fue el heredero de las literas usadas hasta mediados del siglo XVII por las gentes nobles para el transporte dentro de la ciudad; fuera de la misma no podían competir con las primeras, pero en la topografía cambiante de la villa, con sus calles tortuosas y estrechas, la silla de manos se adaptaba mejor que su antecesora. Su uso comenzó a extenderse por las damas de alta cuna y por señoras y dueñas, quienes podían incorporarse al vehiculo más fácilmente, con sus apretados vestidos, que en la incomoda litera. Su uso comenzó a aumentar la construcción y adorno de las mismas, mientras que a su vez se popularizaban, siendo usadas por personas menos encopetadas, y acabando por ser el medio de transporte más habitual dentro de la ciudad, alquilándose en las plazas, generalmente en la de Herradores, donde los mozos se ofrecían, teniendo además el servicio paradas en las plazas de Cebada, Antón Martín, Santo Domingo, Provincia, Puerta del Sol y el Palacio Real en el caso de la villa de Madrid.
El oficio de sillero o mozo de silla fue uno de los más populares, estando ya reglamentado en España desde 1609. Cobraban real y medio por el servicio de ida y vuelta dentro de la villa. Se reunían en la 
do por cada una de las 20 hojas del plano, detallando los edificios que en él se reseñan, muchos de los cuales aparecen ampliados y detallados en la tercera parte del libro. Además, como anexo se enumeran las calles que han cambiado su nombre y los edificios que aparecen y que se han conservado hasta la actualidad.
Los 
A dos meses de su estreno en los cines, Hispano Foxfilm ha presentado conjuntamente el trailer oficial y el cartel definitivo de 


n del demonio Peregrino gracias a las hechicerías de las que se valía el propio Olivares, y que eran por todos conocidas en la Corte. A éste hecho hay que sumarle otra historia de cortejo amoroso en la que se vio envuelto el propio 

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