Anonymous
Anonymous indaga en una de las múltiples teorías, la oxfordiana, que sobrevuelan la verdadera identidad del famoso dramaturgo William Shakespeare, bajo el cual solo se encontraría un seudónimo o tapadera de alguien más notorio dentro de la sociedad isabelina inglesa. Partiendo de esta premisa, el argumento nos lleva hasta Edward De Vere, Conde de Oxford, amante de la reina y privilegiado cortesano amante del teatro y del verso, que ve en el teatro la posibilidad de ensalzar a las masas en pro de un ideal político. Dotado de una gran capacidad literaria, pero incapacitado por su posición social, el Conde recurrirá a un escritor, Ben Jonson, para conseguir estrenar sus obras; pero lejos de ser el literato quien las firme, aparecerá un actor de segunda, mujeriego, traicionero y ególatra llamado William Shakespeare dispuesto a llevarse la fama. Junto a este argumento principal se entrelaza el juego cortesano que conspira por la sucesión del trono de Isabel I entre el Conde de Essex y los Cecil, William y Robert, primeros ministros de la reina y que arrastrará al propio Conde de Oxford.
La película dirigida por Roland Emmerich sorprende mucho con respecto a su anterior filmografía (Independece Day, El día de mañana, 2012) de las cuales aporta la tecnología digital para reconstruir el Londres isabelino sucio, demacrado y muy creíble donde se desarrollará la trama. Contada como una obra teatral dentro de otra, la historia nos va acercando a la pasión de antaño por el teatro y como éste era un arma eficaz político y subversivo del pueblo donde la palabra era tan poderosa como la espada. El complot conspiranoico resalta, sin embargo algo menos dentro de la historia, donde las obras de Shakespeare ofrecen los mejores momentos de la película. Del elenco de actores cabe destacar a Rhys Ifans como el Conde de Oxford, el cual muestra la pasión, casi locura, de su amor por la literatura de un modo creíble y certero. El resto de personajes adolecen algo más de simplicidad frente a un argumento que podría ahondar aún más en la inestabilidad política, lo que haría excesivamente larga la duración de la cinta.
Dejando de lado la credibilidad o no de la teoría de si Shakespeare fue o no, quien nos han dicho que es, la película ha resultado sorprendente con respecto a la calidad esperada, resultando creíble dentro de la ficción.
Lo peor: la confusión de ciertos personajes en los saltos temporales, y una trama conspirativa que queda corta.
Lo mejor: la recreación del Londres del siglo XVI con panorámicas digitales, la forma de narrar la pasión por el teatro y su importancia dentro de su época y la interpretación de Rhys Ifans como el Conde de Oxford.
Trailer:



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