Toledo

Toledo a comienzos del siglo XVII es, como casi todas las ciudades de su época, una urbe que ha vivido tiempos mejores. Tras un final de siglo marcado por la presencia de la corte de Felipe II en la ciudad, Toledo se vio como el centro del Imperio, no solo político sino también religioso. Dentro de ese ímpetu, la ciudad se modernizó acorde a los nuevos tiempos, intentando romper la trama medieval que había adquirido a lo largo de su historia con reformas urbanísticas importantes. Se construyeron hospitales como el de Santa Cruz y el de San Juan Bautista, se rehabilitó el Alcázar como residencia cortesana y se abordaron reformas de las plazas más importantes de la ciudad como la del Zocodover, centro comercial y popular de la ciudad y la del Ayuntamiento, lugar representativo de los poderes de la ciudad, con trazas del arquitecto real Juan de Herrera. Además se emprenderían grandes proyectos hidráulicos, como la navegabilidad del Tajo o el Ingenio que diseñaría Juanelo Turriano para subir agua del río al Alcazar. También se ortogonalizaron callejas, se reformaron las cloacas y se construyeron importantes edificios como el Ayuntamiento, las Carnicerías, el Mesón de la Fruta, la Casa de Venus o el Corral de Comedias y se transformaron o reconstruyeron las puertas de las murallas. Estos proyectos, impulsados durante el siglo XVI se prolongarían hasta bien entrado el siglo XVII, cuando la expulsión de los moriscos y la emigración de parte de su población a Madrid, capital desde 1561, menguaron su industria y acompañaron al declive económico de otras ciudades castellanas de su tiempo.
Es entonces cuando la ciudad, bulliciosa y mestiza, con representantes de varias nacionalidades – El Greco es un ejemplo de la comunidad griega residente en la ciudad- cedió su poder cortesano y municipal en pro del eclesiástico, comenzándose a llenar su casco interno de conventos y monasterios que poco a poco fueron consumiendo el poco espacio del tejido urbano del cual disponían sus habitantes. Si durante la estancia de la corte de Felipe II la ciudad de había visto desbordada por la presencia de cortesanos, nobles y comerciantes, ahora se veía ocupada por multitud de miembros de las órdenes regulares, que con sus redecillas internas hicieron de Toledo y de su poderosa Archidiócesis el centro religioso del Imperio. Aquí acudían los hijos de las familias nobiliarias para ingresar en las órdenes, acompañados por sus sirvientes y por ricas dotaciones económicas. Mientras sus calles se fueron volviendo silenciosas, amparadas entre las tapias de infinitud de estos recintos, solo populosos en los festejos que, como el día del Corpus Christi, atraían a sus habitantes hacia las calles de recorridos sinuosos, aún llenas de leyendas antiguas.
Aqui os dejo un enlace con el plano sacado del lienzo de El Greco “Vista y plano de Toledo” de 1614.
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La entrada original está en http://bayuca.hijodeblog.com/2012/06/21/toledo/, ¡no te la pierdas!…