El Estanque, el Diamante perfecto

Este diamante de color acero y absolutamente transparente llegó a manos de Felipe II aún sin pulir, de Carlo Affetaro un flamenco de Amberes que lo vendió por 80.000 escudos de oro. Una vez en España, el monarca hizo tallar sus 100 quilates en forma cuadrada para engarzarlo en una joya ofrecida a la reina Isabel de Valois con motivo de su matrimonio con el rey. Su perfección junto a su tono azulado y los bellos reflejos que producían le otorgaron el nombre de El Estanque convirtiéndose, según el juicio del gran orfebre Juan de Arfe, en el diamante más perfecto conocido, un espejo limpio y transparente.

Esta joya fue engarzada junto con la famosa perlaPeregrina en el llamado Joyel Rico de los Austrias, el símbolo de la corona española. El joyel en sí, era el broche de oro de 20 quilates que conformaba el colgante en cuyo centro se encontraba el diamante y colgando de él la perla, rodeados de filigranas de frutos y elementos vegetales esmaltado en variados tonos como el negro y el blanco. La joya fue pasando de reina en reina desde María Tudor y Ana de Austria  segunda y cuarta esposa de Felipe II a, Margarita de Austria esposa de Felipe III e Isabel de Borbón primera esposa de Felipe IV.

Hoy en día el diamante parece haberse perdido tras ser extraído del joyel por José Bonaparte quien también se hizo con la Perla Peregrina. Se cree que es posible que fuera de nuevo retallado para dificultar su identificación perdiendo, probablemente su bella forma de estanque.

Galería de Cuadros de Velázquez donde aparece representado el joyel con el diamante “El Estanque”.

 

elestanque El Estanque,  el Diamante perfecto

Toledo

toledoa Toledo

Toledo a comienzos del siglo XVII es, como casi todas las ciudades de su época, una urbe que ha vivido tiempos mejores. Tras un final de siglo marcado por la presencia de la corte de Felipe II en la ciudad, Toledo se vio como el centro del Imperio, no solo político sino también religioso. Dentro de ese ímpetu, la ciudad se modernizó acorde a los nuevos tiempos, intentando romper la trama medieval que había adquirido a lo largo de su historia con reformas urbanísticas importantes. Se construyeron hospitales como el de Santa Cruz y el de San Juan Bautista, se rehabilitó el Alcázar como residencia cortesana y se abordaron reformas de las plazas más importantes de la ciudad como la del Zocodover, centro comercial y popular de la ciudad y la del Ayuntamiento, lugar representativo de los poderes de la ciudad, con trazas del arquitecto real Juan de Herrera. Además se emprenderían grandes proyectos hidráulicos, como la navegabilidad del Tajo o el Ingenio que diseñaría Juanelo Turriano para subir agua del río al Alcazar. También se ortogonalizaron callejas, se reformaron las cloacas y se construyeron importantes edificios como el Ayuntamiento, las Carnicerías, el Mesón de la Fruta, la Casa de Venus o el Corral de Comedias y se transformaron o reconstruyeron las puertas de las murallas. Estos proyectos, impulsados durante el siglo XVI se prolongarían hasta bien entrado el siglo XVII, cuando la expulsión de los moriscos y la emigración de parte de su población a Madrid, capital desde 1561, menguaron su industria y acompañaron al declive económico de otras ciudades castellanas de su tiempo.

Es entonces cuando la ciudad, bulliciosa y mestiza, con representantes de varias nacionalidades – El Greco es un ejemplo de la comunidad griega residente en la ciudad- cedió su poder cortesano y municipal en pro del eclesiástico, comenzándose a llenar su casco interno de conventos y monasterios que poco a poco fueron consumiendo el poco espacio del tejido urbano del cual disponían sus habitantes. Si durante la estancia de la corte de Felipe II la ciudad de había visto desbordada por la presencia de cortesanos, nobles y comerciantes, ahora se veía ocupada por multitud de miembros de las órdenes regulares, que con sus redecillas internas hicieron de Toledo y de su poderosa Archidiócesis el centro religioso del Imperio. Aquí acudían los hijos de las familias nobiliarias para ingresar en las órdenes,  acompañados por sus sirvientes y por ricas dotaciones económicas. Mientras sus calles se fueron volviendo silenciosas, amparadas entre las tapias de infinitud de estos recintos, solo populosos en los festejos que, como el día del Corpus Christi, atraían a sus habitantes hacia las calles de recorridos sinuosos, aún llenas de leyendas antiguas.

Aqui os dejo un enlace con el plano sacado del lienzo de El Greco “Vista y plano de Toledo” de 1614.

Las pintoras del siglo de oro

sofonisbaanguissolaauto Las pintoras del siglo de oroDentro de la estricta sociedad masculina del siglo XVI y XVII, a su vez caracterizada por ser el siglo de oro de las artes como la pintura y la literatura, se pueden encontrar mujeres que rompieron la tendencia de su tiempo, y se dedicaron con fortuna a actividades propias de los hombres de su época.

Entre estos casos se encuentran nombres como el de Artemisa Gentileschi, Sofonisba y Lucia Anguissola, Lavinia Fontana, Clara Peters, Luisa Roldán “la Roldana”, las hijas de Pedro de Mena, y Josefa de Ayala.

Durante el siglo de oro era corriente que dentro de la educación que recibían las mujeres de noble cuna se incluyera no solo el arte musical sino también el de la pintura, por eso no es de extrañar que en su madurez muchas de estas mujeres instruidas desarrollasen su talento. De ello han quedado incluso testimonios literarios que reflejan la relativa frecuencia de la existencia de la mujer pintora, dentro de la sociedad de entonces, aunque lo más inusual era  que esa afición se convirtiese en una actividad profesional.

Dentro del grupo de pintoras cabe destacar que la gran mayoría contaban con una de las tres premisas siguientes: ser noble, monja o familiar de artista. Del primer grupo de damas es reseñable el gran renombre que tuvo en su tiempo Sofonisba Anguisciola, joven muy culta que entre 1559 y 1574 residiría en España y que gozaría del favor real, siendo maestra de pintura de la reina Isabel de Valois y llegando a realizar algunos de los mejores retratos de Felipe II. Dentro del clero cabe destacar a Sor Estefanía de la Encarnación, monja profesa del Monasterio franciscano de Santa Clara de Lerma, la cual reúne las tres premisas juntas, habiéndose dedicado incluso durante su vida a la pintura como profesión, teniendo taller público y forjándose cierta fama al compararla entonces con la destreza de Sofonisba. Aquellas mujeres nacidas dentro de familias con taller artístico adquirían desde pronto la destreza con el dibujo y la pintura heredada de sus progenitores; de este grupo surgieron el mayor número de artistas profesionales, como Luisa Roldan “La Roldana” (video sobre su obra), Josefa de Obidos o María Eugenia Beer y Ana Heylan. Muchas hijas de artistas, como las del gran escultor Pedro de Mena, pudieron dedicarse profesionalmente al oficio como ayudantes de sus padres, pero las crónicas no aclaran hasta que punto influyeron en el desarrollo posterior del taller.

Queda, por tanto reflejada la existencia de esas mujeres que pudieron con mayor o menor éxito dedicarse con ciertas dificultades al mundo del arte, transgrediendo el orden natural de la sociedad de su tiempo.

En el siguiente video podreís ver algunas obras realizadas por pintoras del siglo XVII:

0 Las pintoras del siglo de oro

En el siguiente blog teneís bibliografías de distintas artistas femeninas del mundo del arte: Mujeres Pintoras Blog

Además en el Museo del Patrimonio Municipal de Málaga puede visitarse la exposición “La Estética de la edad Moderna en femenino” hasta el mes de Junio.

La perla Peregrina

La Peregrina” es una extraña perla que, por su tamaño y su forma,  está considerada una de las joyas míticas europeas sobre todo por su valor simbólico, al heredarse generación tras generación dentro de la rama monárquica española. Su nombre define no solo su periplo histórico sino su esencia dado que “peregrino” apelaba a algo “raro o especial” y es que estas perlas con forma de lágrima fueron muy valoradas en las cortes europeas. A lo largo de su historia recibiría otros nombres como “La sola” o “La margarita”.

La perla, de 58.5 quilates, fue descubierta por un esclavo en el año 1515 (1569 la referencian otros) en Panamá. A través del Alguacil Mayor de esta región, Diego de Tebes, llegaría a manos de Felipe II en 1580, pasando a formar parte desde entonces del tesoro de la Corona  Española. Desde entonces se luciría junto a un diamante perfecto, conocido como “El Estanque“, engarzado en el llamado joyel rico de los Austrias. Esta joya sería portada por numerosas celebridades, dando fe de ello los propios cuadros de Diego Velázquez, como el retrato ecuestre de Felipe III, quien la lleva sola prendida del sombrero, o el cuadro pareja de éste, la imagen de Margarita de Austria, la cual lo llevaba en el joyel.

Al igual que su compañero “El estanque”, “Peregrina” fue sustraída por José Bonaparte quien la llevaría a Francia, donde pasó a manos de su esposa. Tras venderse en 1848 la perla pasaría a Estados Unidos donde se subastaría en 1969, perdiéndose de nuevo de manos españolas al no realizarse una puja adecuada. Con todo y esto, la perla volvió al mercado de subastas donde pasaría a manos de la actriz Elizabeth Taylor, quien la engarzó en el collar de rubíes y diamantes que ha formado parte de la subasta del pasado 13 de diciembre por valor de 9 millones de euros.

Galería de cuadros de Velázquez donde aparece representada la perla “Peregrina”.

peregrina2 La perla Peregrina

Real Sitio – Palacio de Valsaín

panoramicapalaciovalsai Real Sitio   Palacio de ValsaínEl Real Sitio de Valsaín o Real Sitio del Bosque de Segovia, se encuentra a las orillas del río Eresma, en la ladera noroeste de la Sierra de Guadarrama y rodeado de uno de los mejores pinares del país.

Comenzó siendo la Casa del Bosque, el pabellón de caza de la dinastía de los Trastamara, para pasar a convertirse en un palacio gracias a la reforma llevada a cabo por Felipe II y el arquitecto Luis de Vega y dirigidas por su sobrino Gaspar entre 1552 y 1556, quien erigió un bello edificio con gran influencia flamenca tanto en el exterior como en el jardín. Esta configuración como palacio dio al rey la posibilidad de residir en un paraje propicio para la caza y al cual acudiría parte del otoño y el verano usándolo como lugar de esparcimiento y descanso, pero sin dejar de lado las exigencias del gobierno de la corte, pues en el palacio se recibieron y alojaron a embajadores y a personajes de importancia como Antonio Pérez y la Princesa de Éboli o el futuro papa Urbano VII, y se firmaron cédulas reales de gran relevancia. También Valsaín sería lugar de celebraciones, ya fuera por el nacimiento de la infanta Isabel Clara Eugenia o por el cuarto matrimonio del monarca con Ana de Austria.

Tanto Felipe II como sus sucesores acudirían al lugar con asiduidad manteniendo la majestuosidad de las estancias interiores, decoradas con pinturas de artistas italianos. Felipe III lo utilizaría por hallarse a medio camino entre Madrid y Valladolid, realizando algunas obras de mano de su arquitecto Juan Gómez de Mora autor de la galería de la fachada principal, en su reinado pasarían por el palacio la comitiva del Sha de Persia Abbas I. Felipe IV aficionado a la caza acudiría también a Valsaín, pero para entonces las obras a realizar serían de mantenimiento, debido a la climatología fría del lugar y al poco uso que se haría del real sitio. Sería con el último Austria, Carlos II cuando el palacio sufrió la pérdida de parte de su estructura, con el incendio causado tras una de las visitas regias en 1686, tras el cual el palacio no fue reconstruido, a pesar del deseo del monarca.

estadoactual Real Sitio   Palacio de ValsaínPosteriormente, el primer Borbón Felipe V, intentaría abordar de nuevo su reconstrucción, pero finalmente optó por un cambio de proyecto para construir el Palacio de La Granja de San Ildefonso, con un estilo diferente al flamenco de los Austrias, arruinándose el complejo del palacio de Valsaín durante tres siglos. Actualmente el palacio se encuentra abandonado, en un estado lamentable y sin atisbo de que emerja algún interés en su recuperación.

Al antiguo recinto palaciego se accedía a través del Bosque de Valsaín atravesando el río se accedía a través de las Puertas de San Ildefonso y de los Canales de Agua, guardando un amplio espacio de terreno alrededor del real sitio. La cerca del propio palacio contaba con cinco puertas de paso, la de la Reina, dos del Carro, la del Cierzo y la llamada del Príncipe. El palacio estaba formado por tres patios formando una L entorno al enlosado de acceso. Al Este, la llamada Plaza de la Delantera (A) construida a partir del Pabellón del Príncipe (B) y conformando el Patio de Caballerizas o de Vacas, al cual se accedía desde el enlosado por la puerta norte (C).

El siguiente patio lo conformaba el propio jardín del recinto, ubicado al mediodía, y que parece fue diseñado por el propio Felipe II. En su interior los parterres se disponen en cuadrantes fragmentados por calles, donde se ubican dos fuentes conocidas como “burlas” de estilo manierista y con muchos caños dispuestos a mojar a los visitantes incautos. Desde Flandes, el rey mandará traer 5000 árboles, previamente aclimatados, junto con el especialista Pietre Jason, encargado de construir estanques de peces exóticos para el mismo recinto.

Este espacio ajardinado se encontraba cerrado al sur mediante una tapia de 6 m de alto y al oeste con una galería porticada (E) desde la cual se podía observar el jardín y conectar a su vez con la Torre Nueva (F).

El tercer patio, cuyo eje se encontraba desplazado con respecto a la fachada, es el Patio Principal (G) a cuya entrada se recibían a los carruajes procedentes de Madrid, a través del puerto o desde Segovia. Se accedía a él desde el exterior por un pórtico (H), aún existente, y entorno a él se distribuían las estancias de servicio, como la Cocina Grande, las despensas y también los salones, como la sala Baja del Estado en donde se trataron asuntos de gobierno y donde se expidieron órdenes a las Américas. La Escalera Principal (I), cercana a la Torre del Reloj, conectaba con la planta primera donde se encontraban las galerías más señoriales: la Galería de San Quintín (J), en memoria de dicha batalla, cercana al Cuarto de Poniennte ubicado sobre el pórtico de entrada; y la Galería de los Espejos (K), entre el patioprincipal y el jardín. Frente a la primera galería, al este, se abrió el Cuarto de Levante, donde disponía de alojamiento el monarca, contando con un gran salón que daba paso a siete alcobas a través de un corredor, junto a esta zona, la capilla (L). Al norte se encontraba el Cuarto del Cierzo (LL) recubierto de madera para ganar calidez, y junto al cual se encontraban los aposentos de la Reina y las damas.

En el exterior, aún dentro del recinto cercado, se disponía al mediodía el Parque del Rey (M) y al norte el Bosquecillo (N).

plantasy Real Sitio   Palacio de Valsaín

La construcción del edificio, que se puede observar en el dibujo de Anton Van Den Wyngaerde (1562), atrajo a multitud de constructores ingleses y flamencos que trabajaron en la original cubierta de pizarra de influencia flamenca, rematando así la obra que con bastante atención había realizado el joven Rey Prudente, y cuyo gasto alcanzó los 2.000.000 maravedíes. No obstante, la influencia flamenca de éste palacio gestaría una tendencia para los palacios nobles en la corte de los Austrias del siglo XVII.

Archivo General de Simancas

castillosimancas Archivo General de SimancasEl Archivo de Simancas es el primer archivo oficial de la Corona de Castilla, formándose en 1540 cuando Carlos V depositó en el castillo de esta población, sus legajos administrativos más importantes en uno de los cubos de la fortificación, por ser un elemento fácilmente defendible. Heredero de éste acto Felipe II dejaría en este lugar el archivo general de su imperio constituyendo en 1588 la Instrucción para el Gobierno del Archivo de Simancas, la primera ordenanza específica de archivos de la historia. Desde entonces, y tras la transformación arquitectónica del castillo a manos de Juan de Herrera y Francisco de Mora, el lugar se convirtió en la fortaleza de los registros de la Corona de Castilla, de la de Aragón y de los legajos de la Inquisición.

Cada Consejo de Gobierno durante los siglos XVI y XVII y posteriormente los ministerios correspondientes hasta el siglo XIX, enviaban aquí la documentación que ya no estaba en trámite. Aproximadamente cada cinco años se enviaban de cada consejo unas arcas cerradas, con los legajos dentro y marcadas al exterior por dos pergaminos, uno con el escudo real y otro con un listado de su contenido, que era arrancado darqueta Archivo General de Simancase la caja para pasar a manos del archivero que clasificaba los documentos y los guardaba en otras arquetas en las estanterías de cada sección. La existencia del archivo para el correcto funcionamiento burocrático era esencial, ya que en él se guardaban todos los documentos que legitimaban el gobierno de los reyes. En su interior se guardaban misivas diplomáticas, tratados entre naciones, testamentos nobiliarios y títulos de los propios monarcas.

En su interior, el propio Felipe II mandó construir una cámara privada, accesible tras una puerta marcada con el escudo regio, donde solo se guardaban los papales más importantes del monarca, junto a dos cajas fuertes, y a la cual solo tenía acceso él mismo y su archivero general.

Dentro del recinto se ubicaron dos alas muy diferenciadas, la primera la zona residencial del castillo, donde se alojaban los archiveros y demás trabajadores del mismo; la segunda el propio depósito de legajos, con las ventanas enrejadas y con un diseño pensado para facilitar la conservación de los papeles, mediante una correcta ventilación que unido a las ordenanzas creadas para tal motivo el archivero mayor Diego de Ayala, incluía la prohibición de hacer ningún fuego dentro del recinto.

Tras la configuración general del lugar durante el siglo XVI, en el siglo siguiente la actividad del archivo estuvo marcada por los mandatos inestables de los archiveros mayores, cuya permanencia en el cargo era bastante breve. Por norma, el cargo pasaba de padres a hijos, si bien durante el siglo XVII la gestión del archivo no fue la más deseada, dejándose de inventariar legajos y perdiéndose información; en parte con la autorización que hizo Felipe IV al Conde Duque de Olivares para que fundase su propio archivo, lo que desvió información sustancial.

Durante este siglo fueron puntuales los casos de acceso al archivo por parte de investigadores y hasta 1675 la dotación económica al archivo era muy escasa. A pesar de todo, el archivo sobrevivió dejando para la posteridad una gran cantidad de legajos pertenecientes a los Consejos de Estado, Provinciales de Flandes, Italia y Portugal, de Castilla y los Registros de la Corte, así como del Consejo de Guerra y Hacienda.

Una información privilegiada del Imperio de los Austrias.

archivosimancas Archivo General de Simancas

Web oficial del Archivo General de Simancas.

El Camino Español

La guerra de los 80 años, que enfrentó a España contra los Países Bajos durante los siglos XVI y XVII fue el enfrentamiento bélico más largo que ha vivido Europa y durante el cual, el Imperio Español puso en juego su poder político, militar y económico. Desde las revueltas protestantes de 1566, hasta la paz de Westfalia en 1648, fueron innumerables los hombres armados que acudieron a la contienda, así como incalculable el gasto de recursos y de dinero que generó esta guerra que mermó las arcas de la monarquía de los Austrias.

Pero España no solo mantenía como enemigos a los protestantes del norte, sino que se encontraba enemistada a su vez con las grandes superpotencias de la época, como eran Francia e Inglaterra, mientras que luchaba por mar contra los ataques piratas apoyados por el Imperio Turco.  Esta situación obligó a Felipe II a buscar una ruta segura para poder enviar a las tropas de los Tercios a los territorios de Flandes de manera eficaz y rápida. La idea surgiría de un viaje anterior, organizado por el Cardenal Granvela, en el cual el propio Rey viajaría para visitar la zona de los Países Bajos en 1563, el itinerario escogido era muy ventajoso pues cruzaba, prácticamente a lo largo de su recorrido, territorio de posesión española. De esta manera se estableció la salida de España a través de Génova para llegar a Lombardía y de allí por Saboya, el Franco Condado y Lorena.

Sería el Duque de Alba, Gobernador General de los Países Bajos y general militar el que determinaría el corredor militar desde Milán hasta Bruselas como zona de tránsito de los tercios a Flandes. El camino fue trazado gracias a 300 hombres y a un grupo de ingenieros, encargados de ensanchar caminos en una verdadera hazaña logística por cruzar los 1000 km que separaba Milán de Flandes.

caminoespaol1 El Camino EspañolEl llamado Camino Español, estaría vigente desde 1567 a 1622. En sí, el camino es el conjunto de tres rutas que parten del sur al norte de Europa.  Los soldados embarcaban en los puertos españoles de Barcelona, Valencia, Denia o Cartagena rumbo a Génova. Allí partían hacia Milán, el origen del camino y repetía el trazado ideado por el Cardenal, como ruta principal, pasando por Saboya y el Franco Condado continuando por Alsacia, Lorena, Luxemburgo hasta las ciudades de Namur y Bruselas, donde se centralizaba el poder español en Flandes. Con el tiempo los franceses cortaron la ruta lo que obligó a tomar una variante que rodeaba el Lago Como y se internaba en el valle de Valtelina pasando por las regiones de los Alpes, como el Tirano, el Tirol, y el Sur de Alemania, retomando el camino original tras cruzar el Rin cerca de Estrasburgo, enlazando en Alsacia. Finalmente habría otra variante, originada por la pérdida de ciertos territorios, y que implicaba el pago a los cantones católicos por el paso de las tropas para cruzar Suiza por Belinzona y seguír por Baden hasta cruzar de nuevo el Rin en Waldshut.

Toda esta ruta estaba llena de penalidades, pues los soldados hacían el camino a pie, llevando alguna acémila de carga y portando el pesado equipo que incluía las famosas picas. A lo largo del camino se disponían puntos más o menos fijos donde los soldados podían comerciar con el fin de adquirir aprovisionamiento y hospedaje, sin invadir las poblaciones cercanas.

Aún con todo el camino no era un trayecto fácil, pues las tropas cruzaban las grandes y gélidas montañas de los Alpes, densos bosques y desfiladeros, así como debían vadear grandes ríos exponiendo a los hombres a una caminata que podía durar una media de 48 días, en los que los soldados debían acampar a la intemperie, en un camino que cruzaba el corazón de Europa, rodeado por territorios hostiles y con una climatología nada favorable. Sin duda fue una hazaña o un milagro que unos 123.000 hombres lograsen llegar a Flandes después de tan duro recorrido.

Blogs de referencia:

El camino español con grandes imagenes y planos del camino;

Herencia española, Hispanismo, Los Tercios.

Libros de referencia

El ejercito de Flandes y el Camino Español, 1567-1659” de Geoffrey Parker

Una pica en Flandes: la epopeya del camino español” de Fernando Martínez Laínez

El camino español” de Luis Reyes Blanc

Reales sitios – Palacio Vaciamadrid

El Real Sitio de Vaciamadrid se encontraba situado en la ribera del Jarama, cerca de la confluencia de éste con el río Manzanares, a una legua al Sur del pueblo de Rivas. Su localización, a medio camino entre Madrid y Aranjuez, posiblemente dio origen a su peculiar nombre, pues debía de ser un recinto palaciego destinado al descanso del monarca en sus viajes entre una y otra población.

Las tierras pertenecientes a Sebastián Corobo Nevares de Santoyo, mayordomo de Felipe II, fueron compradas por el Rey en 1589, y por entonces tan solo contaban con un coto de caza de conejos y unas fincas agrícolas y ganaderas que contaban con una “casa vieja” cuadrangular de dos plantas. Con la adquisición, se amplió el recinto construyéndose una “casa nueva” conectada a la anterior por un mirador con balcones, para albergar a la servidumbre que viajaba con el rey. También se construyó un embarcadero para los viajes en barca, y un puente que unía con el camino de Aranjuez.

Al ser una villa de recreo, a pesar de ser zona de paso, se construyó anexo un bonito jardín renacentista, de gusto italiano diseñado en 1592 por Francisco Martos quien ya había trabajado en el Huerto de la Priora. Como se puede ver en el lienzo de 1635 conservado en el Monasterio del Escorial, el jardín estaba situado frente al río y cerrado por una tapia de ladrillo, en su interior varios parterres regulares se disponían de forma ortogonal, formada por plantas aromáticas. En el centro una fuente de dos tazas se alza por encima del jardín.

El palacio con las dos alas claramente diferenciadas era una construcción más bien pobre, de ladrillo y mampuesto con cubierta abuhardillada típico de la época.

Durante el reinado de Felipe III, esta propiedad fue apartada del resto del conjunto de reales sitios que el rey mantenía para su uso habitual, no volviendo a invertir en su mantenimiento, lo que causó un serio abandono.

A pesar de que la propiedad pertenecía al concejo de Aranjuez, el rey Felipe IV le concedió la finca a su valido el Conde-Duque de Olivares en 1634, quien la traspasó en 1654 a su primo el Marqués de Leganes, quien consiguió su posesión total en 1700 con la cesión por parte de Carlos II.

Actualmente no quedan más que unas pocas ruinas, de lo que fue aquel palacio, que si bien no fue suntuoso, formaba parte del patrimonio real de los Austrias.

palaciovaciamadrid Reales sitios   Palacio Vaciamadrid

La Casa de las Siete Chimeneas

La casa de las siete chimeneas es uno de los edificios más conocidos del Madrid del siglo XVI y uno de los pocos ejemplos de arquitectura civil de su época. Fue mandado construir en 1577 por encargo de Pedro de Ledesma, secretario de Antonio Pérez, al arquitecto Antonio Sillero, a pesar de habérsele atribuido a otros nombres tan importantes como Juan Bautista de Toledo o Juan de Herrera. El edificio se encuentra  en la actual Plaza del Rey, anterior calle Siete Chimeneas, como figuraba en el plano de Texeira en 1656, lo que recoge su popularidad. Su historia va ligada inevitablemente al cambio de propietarios y a las sucesivas variaciones que tendrá su arquitectura. En 1583 lo compraría con malas artes y engaños el comerciante genovés Baltasar Cattaneo reformando la casa, tres años después, con trazas de Andrea de Lurano, quien le añadió las cubiertas a cuatro aguas y sus famosas siete chimeneas, ganándose por entonces el nombre de “casas de Cataño”. La vivienda se vendería en 1590 al doctor Francisco Sande y Mesa,  donde fundó el mayorazgo de la familia de los Colmenares, manteniendo su propiedad hasta 1881.

sietechimeneas La Casa de las Siete Chimeneas

En 1623 la casa albergó la residencia del Conde de Bristol, embajador del Rey Jacobo I de Inglaterra, alojándose en ella el Príncipe de Gales, futuro Carlos I, en su visita a Madrid junto al Duque de Buckingham con motivo del compromiso matrimonial con la Infanta Doña María, cuyo matrimonio nunca se llevaría a cabo.

Durante el siglo XVII, la casa era un volumen sencillo rectangular, sin la torre que hoy puede apreciarse, con dos plantas y cuatro ventanales, como bien refleja Texeira. Se encontraba algo retranqueada con respecto a la c/ Infantas, debido a la existencia de un patio, siendo actualmente la entrada. La vivienda formaría parte de un terreno más extenso constituido por una huerta y otra construcción secundaria. Como dato curioso, en el Texeira solo aparecen dibujadas 6 de las 7 chimeneas. Por desgracia la casa ha sufrido innumerables reformas que han transformado su aspecto enormemente. La más importante fue su intento de conversión en Banco Castilla de manos del financiero Jaime Girona en 1881 borrando casi todos los rasgos que poseía del siglo XVI. Actualmente la casa está declarada como Monumento Histórico Artístico desde 1948 y es sede del Ministerio de Cultura.

casasietechimeneas1 La Casa de las Siete Chimeneas

Sin duda la fama de la casa se ha ido desarrollando con el paso de los años, basada en las leyendas de amores, muerte y fantasmas, vinculadas a su dilatada historia.

La primera de esas leyendas nos habla de la suerte de sus primeros habitantes. Al parecer un montero del Rey, compró los terrenos traseros al convento del Carmen con el fin de construir una casa para su hija Elena, desposada con un capitán de la noble familia Zapata, pero anteriormente amante del rey Felipe II quien habría sido su padrino de bodas. Al poco de habitar la casa, el joven partió al frente de Flandes, donde murió. La tristeza de la perdida hizo mella en el corazón de su esposa, quien revistió de luto, su casa y su persona, apareciendo muerta una mañana en su lecho. Las lenguas de los madrileños comenzaron a poblar los mentideros de murmuraciones acerca de las posibles visitas que un embozado Felipe II podía haber realizado a la joven viuda y que sin duda una terrible decisión tomada por el Rey o por su temible secretario Antonio Pérez habría truncado la vida de la mujer, presionado por Ana de Austria, la reciente esposa del monarca. Estos rumores sumados a la incierta desaparición del cadáver de la joven, e incluso a la aparición de su padre ahorcado poco después en la misma casa, dispararon la imaginación popular. Desde entonces hay quien afirmaba haber visto al toque de ánimas, un fantasma de una mujer vestida de blanco que andaba por los tejados con una antorcha y que se castigaba golpeándose el pecho mirando dirección al Alcázar.

Otras leyendas intentan establecer una relación entre el número de las chimeneas y los siete pecados capitales, mientras se habla de que la casa pudo servir como reclusión a una hija bastarda de Felipe II o ser de nuevo el lugar donde encontró la muerte otra de sus amantes, desposada con un viejo hacendado indio, cuyo cuerpo habría sido encontrado en los sótanos, con un puñal en el pecho y las arras de su boda esparcidas alrededor. También hay quien relaciona el edificio con una maldición que se extendió y sembró de muerte a sus habitantes, tanto en el motín contra Esquilache en 1766 durante el cual murió un mayordomo, como la inquietante relación entre la que sería la sede del Banco Castilla y la terrible muerte de sus propietarios. Así mismo los hallazgos realizados durante las obras en las que se encontraría el cadáver emparedado de una mujer y un puñado de monedas de la época de Felipe II parecerían corroborar parte de estas leyendas.

Sin lugar a dudas, la Casa de las Siete Chimeneas seguirá formando parte de la temible leyenda negra y de los pocos restos del Madrid de los Austrias.

Si os interesa escuchar la historia de la Casa de las Siete Chimeneas narrada en forma de podcast, podéis encontrarlo en La Mansión de Tarsis, a cuyos moradores, los habituales de Hijo de Blog ya conoceréis.

Miniserie La Princesa de Éboli

laprincesadebolic Miniserie La Princesa de Éboli

La historia de la Princesa de Éboli es sin duda uno de los capítulos más jugosos de la historia del reinado de Felipe II. El tema se ha llevado al cine en dos ocasiones en 1955 y 2008 y en esta semana Antena 3 ha emitido una miniserie sobre éste personaje, encarnado por Belén Rueda. Sin duda, la idea pareció surgir a raíz del éxito de la emisión de TVE de la serie Los Tudor y otras de género histórico que ahora abundan en la televisión.

El guión se basa en el capitulo más reconocible de la historia de la Princesa, su relación con Antonio Pérez y la conjura que llevó a matar a Juan de Escobedo, secretario de Juan de Austria, hermano de Felipe II. Digo se basa, porque únicamente se ha cogido el transcurrir de los hechos para abandonar el trasfondo de los mismos en pro de una historia más televisiva y atrayente para los telespectadores, como es el idilio de Belén Rueda y Hugo Silva, con alguna escena más o menos sugerente. Todo el peso del guión recae sobre ese supuesto romance que llena de celos al monarca y que enciende su venganza consistente en encerrar a los dos enamorados en sendos presidios, con unas acusaciones que en ningún caso forman parte sustancial de la trama. Todo el fondo de la conspiración política, que sí tiene peso en la serie de Los Tudor, desaparece quedando en algo banal, en donde toda la política parece moverse por una envidia simplona. Bien es cierto que el formato de una miniserie no da para desarrollar un tema complejo en profundidad, pero si se ha sido capaz de adaptar al formato de cine, se podía haber complejizado un poco más el guión, del cual creo que sobran historias secundarias, como el del personaje de la pintora. Por lo demás, buenas localizaciones en algunas ocasiones, destacando el Escorial y el Palacio de Pastrana y un gasto considerable en trajes y recreación, aunque no así en la iluminación, excesiva y con poco gusto. No me referiré a los errores históricos. Destacar el esfuerzo de Belén Rueda por darle fondo a un personaje que da mucho más de sí y además la interpretación de Petra Martínez en el papel de Bernardina, la dueña de la princesa.

Lo mejor: el intento, se queda en eso, de rescatar un trozo de historia para acercarla al público televisivo, intentando imitar a otras series históricas europeas.

Lo peor: la simpleza del juego político y de la conspiración que produjo la caída de un personaje tan importante como Antonio Pérez. El melodrama romanticón que se esconde debajo de la apariencia histórica.


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