El rey pasmado

reypasmado El rey pasmado

La película dirigida por Imanol Uribe, basada en la novela homónima de Gonzalo Torrente Ballester, nos sumerge de lleno en la corte de los Austrias de la mano del joven Felipe IV, el cual queda pasmado al ver el cuerpo desnudo de Marcisa, la tusona más famosa de la villa y corte; a raíz de esto decide que desea ver desnuda a su esposa la reina. Tras este sencillo argumento se esconde una buena película donde se ve el discurrir cortesano del siglo XVII y los prejuicios de la época en cuanto a moral, erotismo y fe se refieren. La Inquisición tomará parte en el asunto que llena la boca de todo el pueblo en los mentideros, y que puede condicionar el destino del Imperio, dado que el pecado del rey habría de desorganizar el orden natural y sobrenatural del mundo, como se pudo apreciar en la villa a través de numerosas apariciones fantasmales y demoníacas.

El reparto no podría estar mejor escogido, el parecido físico entre Felipe IV y Gabino Diego es incuestionable, así como el de Javier Gurruchaga y el Conde-Duque de Olivares. Por otra parte las interpretaciones de Juan Diego como dominico intolerante, destacan en el fondo de otros grandes actores de la época, como Fernando Fernán Gómez como Gran Inquisidor, Eusebio Poncela como el Conde de Peña Andrade o María Barranco como Lucrecia. Todos contribuyen a crear una historia que refleja los prejuicios morales con cierto toque de humor, erotismo y un destello de fantasía, que permite vislumbrar la sombra del diablo en este juego de escándalos cortesanos, donde se dejan entrever capítulos reales de la historia de cada personaje: los galanteos del rey, o la imposibilidad de Olivares de tener descendencia. Mención aparte merece la ambientación y el vestuario, tan cuidados que parecen sacados de los cuadros de Velázquez, mientras nos paseamos por callejas y mentideros, gratamente reflejados, y por los salones de palacio, casi todos ellos pertenecientes al palacio renacentista del Marqués de Santa Cruz en Viso del Marqués (Ciudad Real).

“El rey pasmado” obtuvo ocho premios Goya en 1991, entre ellos el de mejor guión adaptado (Joan Potau), mejor actor de reparto (Juan Diego), mejor música (José Nieto), y mejor dirección artística, vestuario y producción, entre otros.

En definitiva, una de las mejores películas del siglo de oro de producción española, bien ambientada, ágil, divertida y con un gran elenco de actores.

Lo peor: la pobre imagen de Felipe IV, realmente pasmado.

Lo mejor: la música de José Nieto, sugerente y bien adaptada, las interpretaciones, la ambientación que recrea escenarios típicos de la época, y el vestuario, pero sobre todo la frescura de la propia historia, divertida y ágil.

El asesinato del Conde de Villamediana

villamedianaasesinato2 El asesinato del Conde de Villamediana

Fue al caer la tarde del 21 de agosto de 1622 cuando, de vuelta del Palacio Real en coche junto al Conde Luís Méndez de Haro y por la concurrida calle Mayor de Madrid, un hombre se acercó al carruaje del Conde de Villamediana, y sin mediar palabra, le asestó una gran herida en el costado izquierdo con una ballesta, que le hizo rápidamente perder casi toda su sangre. Mientras el conde hacía el amago de desenvainar su espada, su amigo saltó presto a capturar al agresor, mientras Villamediana caía malherido fuera del carruaje. Con premura, el asesino huyó, dejando al conde desangrado, siendo llevado rápidamente a su casa, para morir poco después tras recibir la extremaunción en el portal de la misma, a los 40 años de edad. Tras de sí dejó una considerable fortuna y la herencia del Correo Real, junto con la leyenda de su muerte.

El crimen de aquel día  es uno de los episodios más oscuros y a la vez intrigantes del reinado de Felipe IV; son muchas las leyendas y suposiciones sobre los motivos de la muerte de Juan de Tassisy Peralta, heredero de la saga familiar de Tassis, hombre orgulloso, apuesto y libertino, jugador empedernido, de temperamento temerario y mujeriego, amante del lujo, las joyas y los caballos que coleccionaba en gran número, al igual que sus enemigos, entre maridos engañados y nobles desprestigiados por su sagaz lengua y su habilidad con los naipes. Su pérdida fue sonada durante mucho tiempo por las calles de Madrid.

Pronto se supo la identidad de los dos asesinos, que actuaron a cara descubierta: Iñigo Méndez, quien al poco fue nombrado Guarda Mayor de los Reales Bosques  y Alonso Mateos, Ballestero del Rey. Con esto no es difícil imaginar que la hipótesis más extendidas de todas sitúan como instigador del asesinato al propio rey Felipe IV, incitado por el propio Conde Duque de Olivares, debido fundamentalmente a los rumores de los posibles amoríos entre el Conde de Villamediana y la reina Isabel de Borbón, acrecentados por continuos escándalos y por la propia mano del malhadado noble.

Uno de aquellos comentados sucesos fue la representación en Aranjuez, ante la corte, de la obra de teatro “La Gloria de Niquea” escrita por el propio Villamediana, que terminó con un incendio en los decorados que provocó el pánico general; el Conde, aprovechándose de la situación cogió en brazos a la reina, para ponerla a salvo en un gesto totalmente opuesto con las reglas de la etiqueta cortesana, que impedía a nadie salvo al rey tocar a la reina; la leyenda de que el propio Conde había causado el fuego para poder tener en sus brazos a Doña Isabel corrió por todos los mentideros de Madrid tan rápida como el propio incendio. También fueron muchos los sonetos  que circularon por las calles de la villa y corte, sobre cierto amor sin esperanza del conde, que junto a la aparición del mismo en una fiesta luciendo una capa hecha de reales de plata y con la frase “Son mis amores reales” puso en boca de todos los amoríos entre la reina y Villamediana, con los consecuentes recelos del monarca.

A esto habría que sumar el proceso que se comenzaba a gestar desde la Inquisición sobre Villamediana y su círculo más próximo, en el cual se acusaba directamente al conde de sodomía con unos esclavos negros. El escándalo sería mayúsculo y los implicados en las altas esferas demasiados como para permitir que todo aquello se supiese, por lo que finalmente, y tras la muerte del Conde todo quedaría suficientemente encubierto como para que solo pagasen los criados por los pecados de sus amos, dando carpetazo a la investigación.

Por todo ello no es de extrañar que aún contando con innumerables enemigos, el pueblo encontrase la mano del valido o del propio rey detrás la muerte de este famoso personaje, amigo de literatos como Luis de Góngora, quien dedicaría unos versos a su muerte, y de grandes personalidades de su época.

El cuerpo del Conde de Villamediana sería llevado a San Felipe el Real, frente a su casa y sede del mentidero más popular de la villa, para después ser enterrado en la capilla mayor del Convento de San Agustín, en Valladolid. Pero lejos de caer en el olvido aquel crimen sería recordado tanto en su misma época como posteriormente, en multitud de novelas y de libros, como “Decidnos: ¡quien mató al Conde?” De Néstor Luján, o “Capa y espada” de Fernando Fernán Gómez que tratarían de aclarar el asesinato que más conmovió a la ciudad de Madrid.

La batalla de Rocroi

rocroiplanofortaleza La batalla de RocroiRocroi es una pequeña localidad situada al norte de Francia, en su frontera con la actual Bélgica, conocida por la famosa batalla que enfrentó a los ejércitos de Luis XIII soberano de Francia (muerto cinco días antes de la contienda), al mando del joven Duque de Enghien contra las tropas del rey Felipe IV de España, al mando del portugués Francisco de Melo.

La batalla, enmarcada dentro de la Guerra de los Treinta Años, se produjo con la toma de la villa de Rocroi, con el fin de aliviar la presión sobre Cataluña y el Franco Condado de las tropas francesas. El ejército francés contaba con cerca de 16.000 infantes, 7.000 jinetes y 12 piezas de artillería contra los 22.000 hombres y 24 cañones de las tropas del ejército español, de los cuales apenas 5000 eran de éste país. Por su parte esperaban los refuerzos de Beck de la frontera, que nunca llegaron.

La táctica de los franceses fue desplegar dos líneas de infantería por el centro contando con dos escuadras de caballería en cada franco y la línea de artillería en el frente, dispuestos a presentar batalla y no solo a socorrer la plaza. Las tropas imperiales, integradas por españoles, italianos, alemanes y valones, formaron de igual manera, con los tercios españoles a la vanguardia, al tratarse de una tropa de élite.

tacticarocroi La batalla de RocroiA las tres de la madrugada el ejército francés comenzó su avance en el inicio de una batalla que duraría 6 horas. Tras un flaco comienzo por parte del ejercito francés, el ejército imperial consiguió apoderarse de algunos de sus cañones, pero sin embargo Enghien se rehizo y atacó con la caballería el centro del ejército de Melo. Tras este contragolpe, los tercios italianos huyeron en desbandada, quedando los tercios españoles para resistir. Los refuerzos llegaron tarde, sobre las 8 o 9 de la mañana, cuando ya no había posibilidad de intervenir.

Los cinco tercios españoles resistieron formando un rectángulo hasta 6 cargas, en las que casi consiguen abatir a Enghien quien salvó la vida por poco. Los supervivientes que iban quedando se reagrupaban una y otra vez formados por los restos de los tercios de Villalba y Garcíes. El primero de ellos aceptó las generosas condiciones que Enghien propuso para su rendición, dado que cabía la posibilidad de que aún llegaran los refuerzos. Los hombres del Duque de Alburquerque no aceptaron la rendición y continuaron luchando. Se dice que un oficial francés preguntó a un soldado español moribundo cuantos eran los que formaron los Tercios, a lo que el soldado contestó la famosa frase: ¡Contad los muertos!. Fueron unos 4000 los soldados españoles caidos en la batalla, frente a los 2500 franceses muertos.

Por esta muestra de valentía sería recordada la batalla de Rocroi, aparte por el significado de la derrota que marcaría el fin del Imperio Español y el nacimiento de la deslumbrante Francia de Luis XIV.

Como nota anecdótica, la película de “Alatriste”, rodada por Agustín Díaz Yanes en 2006 refleja el último momento de la batalla, cuando solo sobrevive el Tercio de Alburquerque. La marcha fúnebre de “La Madrugá” que suena en la escena, fue interpretada por el Regimiento de Infantería Ligera “Soria” Nº 9 la unidad más antigua del Ejercito Español, descendientes de los Tercios Viejos, llamados desde entonces “Tercio de la sangre” debido a su valor en esta batalla. Será en esta misma contienda donde el Capitán Alatriste muera en combate.

Felipe IV, el galán de monjas

sanplacido Felipe IV, el galán de monjasYa referí en otro momento la historia del proceso inquisitorial que aconteció en el Convento de San Plácido. Desde que se dio lugar la posesión diabólica de sus monjas y la acusación de iluminista de su confesor, el convento adquirió una leyenda negra que fue incrementándose con multitud de sucesos y leyendas.

Una de las historias que se cuentan que sucedió entre sus paredes apunta directamente al Rey Felipe IV como protagonista de una de sus muchas aventuras galantes.

La historia comienza cuando el protonotario Jerónimo de Villanueva, patrono del convento y amigo íntimo del Conde-Duque Olivares ensalzó un día ante el Rey la inmensa belleza de una de las monjas del convento, llamada Sor Margarita de la Cruz. El Rey poeta, dado a los actos galantes vio picada su curiosidad y pidió conocer a esa beldad. Para ello se hizo conducir disfrazado hasta el locutorio de San Plácido, donde quedó prendado de la joven monja. Esta posesión febril le hizo convertirse en un asiduo visitante de la comunidad, pero no contento con eso, el monarca expuso a sus confidentes el deseo de poder ver a solas a la beata. El Conde-Duque con la ayuda de Villanueva, quien vivía en una casa contigua al convento, idearon un plan para introducir al apasionado amante hasta los brazos de la novicia.

felipeivpasmado Felipe IV, el galán de monjasLa casa del protonotario comunicaba con el sagrado recinto a través de una galería destinada a guardar carbón. Sor Margarita, conocedora de los requerimientos del Rey y angustiada por el sacrilegio en el que iba a incurrir, buscó la ayuda de la abadesa Teresa de Silva. La abadesa acudió ante los nobles para que hicieran desistir del pecado al Rey, pero ellos no querían oponerse a los deseos del soberano, por lo que doña Teresa forjó una trama propia de una comedia de teatro para salvar la virtud de Sor Margarita sin ofender al Monarca. En la propia celda de la monja colocó un ataúd con la desdichada Margarita en su interior, amortajada y con una cruz entre las manos, sobre un catafalco entre fúnebres blandones y otros signos de duelo. A la hora establecida don Jerónimo recorrió el pasadizo hasta el convento, donde descubrió el imponente espectáculo, dando aviso al Rey, quien desconcertado no se atrevió a seguir adelante.

La priora creyó haber salvado la honra de su novicia, pero su engaño no duró mucho tiempo, viéndose obligada por el Conde-Duque a dar paso libre al Rey, quien entró como conquistador en el convento, consumando sus deseos con la monja. Pero aquel devaneo real no quedó oculto. Fue el propio confesor de Felipe IV, el Inquisidor General Antonio de Sotomayor quien abrió proceso contra este horrible sacrilegio. A pesar de su impulso inicial, el Santo Oficio solo descargó las culpas contra el menos poderoso de lso protagonistas, don Jerónimo de Villanueva, quien fue llevado a la cárel inquisitorial de Toledo el 30 de agosto de 1644.

Temeroso el valido de que el escándalo tuviera aún mayor transcendencia visitó al confesor una noche y sin comentarios le dio a elegir entre dos decretos del Rey: el uno le otorgaba 12.000 ducados de renta a cambio de renunciar a su cargo y volver a su ciudad natal, Córdoba, mientras que el otro le desterraba de España en el plazo de 1 día, siendo además incautadas todas sus posesiones. Ni que decir tiene que el inquisidor eligió la primera opción. Olivares envió despachos al pontífice Urbano VIII para parar el proceso abierto por la Inquisición. El Papa así lo hizo remitiendo el Consejo de la Inquisición los informes de lo sucedido a través de su notario Alfonso de Paredes en persona. Pero Olivares mandó instrucciones a los embajadores españoles de Génova y Roma para que prendieran secretamente al mensajero antes de que llegara ante la presencia del Papa. Se le incautaron los papeles que se remitieron vía Nápoles a Madrid, mientras Paredes era preso en Génova durante 20 años. La arquilla sellada fue remitida por el virrey de Nápoles al Conde-Duque, el cual quemó en persona los papeles que contenía en la chimenea de la cámara del Rey.

En cuanto a Villanueva permaneció más de 2 años en la cárcel de Toledo, acusado de iluminismo, consultas demoníacas, y partícipe del anterior proceso de posesión diabólica. Sin embargo el pleito contra él fue resuelto con cierta intercesión real lo que acabó con su absolución completa a condición de que ayunase los viernes durante un año, no volviese al convento de San Plácido ni se comunicase con sus monjas y a entregar una limosna de 2.000 ducados. Quedó pues en libertad, si bien fue expulsado de Castilla, a la que no volvió jamás, pasando sus últimos días en Zaragoza.

De este historia popular poco puede señalarse como cierto, exceptuando el proceso a Villanueva. El caso volvió a ser comidilla de los mentideros y entre otras leyendas, ésta se ramificó en otras tantas leyendas. Una de ellas habla de cierto reloj que el Rey regaló a la abadesa del convento en conmemoración a su artificio fúnebre creado para salvaguardar a su novicia, dicho reloj doblaba a muerto cada cuarto de hora, habiendo sonado todos los días hasta la muerte de Sor Margarita, según cuentan las leyendas, habiendo sobrevivido el reloj a la propia historia hasta al reforma del convento en 1903.

cristocrucificado Felipe IV, el galán de monjasOtro de los objetos salpicados por esta leyenda es el famoso cuadro del Cristo Yacente de Diego de Silva y Velazquez que hoy puede admirarse en el Museo del Prado. Originariamente la pintura se encontraba en la sacristía del convento desde 1632 y según se dice fue un regalo del Rey como muestra de arrepentimiento o conmemoración de su desliz galante en lugar sagrado. También la leyenda señala al propio Villanueva como el mecenas que encargó y regaló el cuadro, ya fuera como penitencia por el proceso de posesión diabólica acaecido en el convento o como acto de desagravio por las injurias que había recibido un crucifijo en casa de unos judíos portugueses en 1630. En cualquier caso la historia del éste convento y de sus objetos, así como de quienes lo habitaron marcaron la tradición legendaria de la sociedad de su época.

Frases populares – Entre Pinto y Valdemoro

entreprovincias Frases populares   Entre Pinto y ValdemoroEntre Pinto y Valdemoro

Esta popular expresión hace referencia a dos localidades de la actual provincia de Madrid. Su origen es bastante diverso, pero uno de sus posibles significados tiene relación con el carácter de los reyes de la casa de los Austrias.

Al parecer Felipe IV, mujeriego empedernido solía hacer parada para descansar en Valdemoro de camino al Real Sitio de Aranjuez; al parecer había entre Pinto y Valdemoro una mancebía con cierta reputación a la cual el rey debía ser asiduo. Durante esas paradas, cuando alguien preguntaba por el monarca, y por no decirle la verdad, se solía decir: “Entre Pinto y Valdemoro” alusión que todo el mundo entendía.

Pero la versión más certera, tendría relación con los vinos. Valdemoro tenía fama de tener uno de los mejores vinos del reino, siendo éste el que se consumía en la Casa Real, recibiendo además grandes beneficios por parte de la misma para su producción. En Pinto también se producía vino, pero de muy mala calidad en comparación con sus vecinos; es por eso que cuando un vino no era ni bueno no malo, solía decirse “está entre Pinto y Valdemoro”. La calidad del vino daba lugar a la picaresca, pues los de Pinto descargaban sus barricas en Valdemoro para que pudieran venderlo como original de allí, mientras que los de Valdemoro veían como se prohibía su venta en las tabernas del pueblo para reservarlo en exclusiva para la Corte de Madrid.

La frase se suele emplear para referirse a algo que está en medio de dos puntos opuestos o en una posición indecisa o intermedia.

Reales sitios – Palacio Vaciamadrid

El Real Sitio de Vaciamadrid se encontraba situado en la ribera del Jarama, cerca de la confluencia de éste con el río Manzanares, a una legua al Sur del pueblo de Rivas. Su localización, a medio camino entre Madrid y Aranjuez, posiblemente dio origen a su peculiar nombre, pues debía de ser un recinto palaciego destinado al descanso del monarca en sus viajes entre una y otra población.

Las tierras pertenecientes a Sebastián Corobo Nevares de Santoyo, mayordomo de Felipe II, fueron compradas por el Rey en 1589, y por entonces tan solo contaban con un coto de caza de conejos y unas fincas agrícolas y ganaderas que contaban con una “casa vieja” cuadrangular de dos plantas. Con la adquisición, se amplió el recinto construyéndose una “casa nueva” conectada a la anterior por un mirador con balcones, para albergar a la servidumbre que viajaba con el rey. También se construyó un embarcadero para los viajes en barca, y un puente que unía con el camino de Aranjuez.

Al ser una villa de recreo, a pesar de ser zona de paso, se construyó anexo un bonito jardín renacentista, de gusto italiano diseñado en 1592 por Francisco Martos quien ya había trabajado en el Huerto de la Priora. Como se puede ver en el lienzo de 1635 conservado en el Monasterio del Escorial, el jardín estaba situado frente al río y cerrado por una tapia de ladrillo, en su interior varios parterres regulares se disponían de forma ortogonal, formada por plantas aromáticas. En el centro una fuente de dos tazas se alza por encima del jardín.

El palacio con las dos alas claramente diferenciadas era una construcción más bien pobre, de ladrillo y mampuesto con cubierta abuhardillada típico de la época.

Durante el reinado de Felipe III, esta propiedad fue apartada del resto del conjunto de reales sitios que el rey mantenía para su uso habitual, no volviendo a invertir en su mantenimiento, lo que causó un serio abandono.

A pesar de que la propiedad pertenecía al concejo de Aranjuez, el rey Felipe IV le concedió la finca a su valido el Conde-Duque de Olivares en 1634, quien la traspasó en 1654 a su primo el Marqués de Leganes, quien consiguió su posesión total en 1700 con la cesión por parte de Carlos II.

Actualmente no quedan más que unas pocas ruinas, de lo que fue aquel palacio, que si bien no fue suntuoso, formaba parte del patrimonio real de los Austrias.

palaciovaciamadrid Reales sitios   Palacio Vaciamadrid

El proceso de San Plácido

El más sonado de todos los procesos levantados contra los alumbrados durante el reinado de Felipe IV aconteció en el convento de monjas de San Plácido, en la misma villa y corte de Madrid. El escándalo en su momento fue inmenso, dado que salpicó al mismísimo Conde-Duque de Olivares e incluso a su Majestad. El suceso se convirtió en historia y ésta en fantasiosos rumores.sanplacido El proceso de San Plácido

El convento de las monjas benedictinas de San Plácido, llamado de la Encarnación Benita, se encuentra en la c/ Pez de Madrid; fue fundado en 1624 por don Jerónimo de Villanueva, noble caballero y protonotario de la Corona. Tenía este caballero una joven prometida llamada doña Teresa Valle de la Cerda, quien recibió de súbito la llamada divina, ingresando en dicho convento con la dote de su noviazgo. Desde 1628 ésta dama sería la abadesa del convento, siendo el párroco y confesor del rebaño de devotas el Padre Francisco García Calderón. Estos tres personajes serían los protagonistas de ésta historia.

El Padre Francisco tenía fama de virtuoso y de sabio teológico así como de ser uno de los varones más santos de la iglesia, pero el sacerdote guardaba secretamente sus ideales alumbrados. Con su don de palabra convenció como confesor a sus novicias de la necesidad de alcanzar la gloria de dios a través de actos carnales hechos en caridad, y por tanto sin ser pecaminosos. De esta manera el bueno del párroco engatusó a las monjas convirtiendo el convento en su propia mancebía, siendo la abadesa la primera seducida por los sermones del cura. En este caldo de cultivo fue cuando hizo su aparición el Demonio en San Plácido.

El día de la natividad de la virgen en 1630 una de las monjas comenzó a mostrar aversión a las reliquias, adoptando muecas extrañas e infringiéndose golpes contra sí misma, que llevaron a pensar en una posible posesión diabólica. El médico consultado aconsejó al Padre Francisco realizar un exorcismo, pero resultó inútil, pues a los pocos días los síntomas se extendieron a otras monjas alcanzando a 25 de las 30 enclaustradas. Las monjas admitían sentirse poseídas por un demonio al que llamaron Peregrino, el cual les causaban sofocos, ahogos, temblores, misteriosas llamadas imperiosas, voces extrañas e impulsos irrefrenables. Ninguna de ellas dudaba de la posesión diabólica, pero la presa predilecta de Peregrino fue la abadesa Teresa, quien no paraba de mortificarse para huir de la angustiosa tentación… el demonio ejercía el poder de los celos, como si de un amante se tratase. Ni que decir tiene, que el influjo del confesor y de sus eróticas conversaciones en el confesionario ayudó a crear ese ambiente de posesión colectiva o histerismo, como han explicado varios médicos posteriormente.

El caso transcendió los muros de clausura y se extendió por los mentideros y como el convento había sido fundado por Villanueva, amigo del Conde-Duque de Olivares, la noticia no tardó en convertirse en escándalo político. Parece ser que el propio Villanueva, convencido de que su antigua prometida, la abadesa poseía el don de la clarividencia,  aconsejó al Conde-Duque  acudir a San Plácido para interceder por el nacimiento de un hijo varón que heredase sus títulos. Angustiado por la situación de su descendencia, el valido del Rey acudió, tal y como consta en el proceso, y según murmuraron sus enemigos, para obtener la intercesióreypasmado El proceso de San Plácidon del demonio Peregrino gracias a las hechicerías de las que se valía el propio Olivares, y que eran por todos conocidas en la Corte. A éste hecho hay que sumarle otra historia de cortejo amoroso en la que se vio envuelto el propio Felipe IV de mano de estos dos subordinados y que puso en graves aprietos a la monarquía…pero esta historia ya la que trataré en otra ocasión. El definitiva, el escándalo fue mayúsculo dentro de Palacio y fue la comidilla del Mentidero de San Felipe durante los 3 años en los que se alargaron los exorcismos dentro del convento.

Finalmente el fraile Alonso de León denunció el caso ante la Inquisición en 1631, lo que llevó a apresar una noche tanto al Padre Francisco como a la abadesa y a las monjas endemoniadas, siendo llevados a las cárceles secretas de la Inquisición en Toledo.

La tortura reveló comportamientos lascivos y sacrílegos en terreno santo, acaecidos en el convento, mezclas de superstición y de libertinaje junto a magia negra y herejía iluminista. Con todo y eso, el Padre Francisco negó el cargo de alumbrado, reconociendo que había embaucado a las monjas por puro placer carnal pero sin afán de adoctrinar según la secta iluminista. Ésta confesión le rebajó en mucho la pena, impuesta por el Inquisidor General Diego Serrando de Silva en 1633, siendo recluido de por vida en un convento, privado de todo cargo, con ayuno forzoso a pan y agua tres veces por semana y dos disciplinas para mortificarse. Las monjas fueron condenadas de levi, es decir en menor grado, y después de abjurar se las escoltó a diversos conventos apartados. La abadesa fue recluida en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, pero fue en breve perdonada restituyéndola en el cargo y puesto gracias a la intercesión de Villanueva y Olivares.

El influjo de estos dos poderosos hombres, junto con la conducta ejemplar que demostraría después la abadesa llevarían a algo muy inusual: la revisión del proceso para reivindicar el honor perdido por los acusados. Se alegó que el fraile ejecutor de la denuncia era amigo personal del Padre Francisco y que aquello generó en la tergiversación de las declaraciones de las monjas. El Consejo de la Suprema admitió el recurso, abriéndose nuevo juicio con una sentencia favorable y absolutoria en 1638. El poder de los protectores del convento consiguió lo que en su momento no pudieron hacer. El único que no recibió el indulto fue el confesor, dada su reincidencia en sus delitos de liviandad con otra devota.

Aun con todo el mito y las leyendas de San Plácido no acaban aquí, pues la imaginación popular y los sucesos acontecidos tiñeron al convento de un aura de magia y superchería que impregnaría en numerosos sucesos acaecidos en el lugar, así como a los propios objetos que albergaban sus muros. Pero eso es otra historia…

La mujer, la casa y la moda

lamujerlacasaylamoda La mujer, la casa y la moda

Obra: La mujer, la casa y la moda
Autor: José Deleito y Piñuela
Editorial: Espasa Calpe 1966

Tras este poco sugerente título se desarrolla otro de los textos costumbristas de la colección de “La España de Felipe IV” realizado por Jose Deleito y Piñuela. En este caso el libro trata sobre el tema fundamental de la mujer en la sociedad del siglo XVII. Dividido en tres capítulos que llevan por título los de su portada, se hace un repaso a los hábitos de la mujer, sus costumbres, su modo de vestir, y la relación entre ellas y los hombres bajo el amparo del concepto de amor galante. De la misma manera nos acerca la descripción más o menos detallada de una casa media, su distribución arquitectónica, y los usos asociados a cada área de la misma. Por último se nos detalla con mucha profusión los artificios de la moda, tanto en damas como en lindos y sus modos de aparentar asociados a los vehículos de la época.

De esta forma el relato nos dibuja una sociedad con costumbres arraigadas en la cultura de la celosía y la reja, donde la relación de hombres y mujeres se encontraba amplificada por los misterios de lo velado y furtivo y donde la apariencia marcaba modas y tendencias con la misma frivolidad que podemos encontrar en nuestro siglo.

Un libro con un acercamiento a este periodo a través del papel de la mujer, quizás el menos representativo a nivel histórico, pero influyente para la construcción de un relato costumbrista.

De nuevo un texto ameno y documentado que da una imagen cercana de lo que era vivir en la época del Rey Planeta.

Los alumbrados

Los alumbrados o iluministas fueron un grupo dentro del catolicismo, a modo de secta mística, cuyo origen se remonta en el centro de Castilla alrededor de 1511, y su consolidación se fija con el Edicto de Toledo en 1525. Por sus ideales fue perseguida como rama relacionada con el protestantismo y con la herejía, llegando a promulgarse tres edictos en su contra por la Inquisición.alumbrados Los alumbrados

Esta secta creía que el hombre podía tener contacto directo con Dios a través del Espíritu Santo expresado mediante visiones y experiencias místicas. Por ello renegaban de cualquier rito o ceremonia eclesiástica, inútil ante sus ojos, así como la veneración de imágenes o esculturas. Además leían e interpretaban la Biblia sin necesidad de sacerdotes, prefiriendo la oración mental a la misa. Todo esto ayudaba a la persona, como individualidad y sin mediadores, acercarse a Dios, lo cual ponía en entredicho sacramentos como la comunión o la confesión. A todas estas creencias se les sumó la idea, extendida por sus enemigos católicos o no, de cierta disolución carnal, profanaciones y relaciones ilícitas entre sacerdotes alumbrados y sus creyentes, quienes creían que a través de las relaciones sexuales alcanzarían el poder místico para comunicarse con Dios. Estos rumores se incrementaron al conocerse varios conventículos como en Pastrana, Escalona o Llerena, donde los sectarios se reunían y formaban una congregación asentada. Dentro de estos grupos se encontrarían gentes de diversa condición, desde hombres de fe ordenados como Fray Alonso de la Fuente, hasta conventos enteros como el de San Plácido en Madrid; incluso llegó a murmurarse que el propio Felipe IV estaría introducido en una de estas sectas por el Conde-Duque de Olivares, dado su carácter de reconocida promiscuidad.

En cualquier caso, los alumbrados fueron objeto de persecuciones inquisitoriales y de habladurías populares que incrementaron su propia leyenda negra.

La mala vida en la España de Felipe IV

piuela La mala vida en la España de Felipe IV

Obra: La mala vida en la España de Felipe IV
Autor: José Deleito y Piñuela
Editorial: Alianza Editorial 2005

Este libro pertenece a una serie de siete volúmenes, que José Deleito y Piñuela escribió sobre la España de Felipe IV, quien reinó en pleno siglo de oro, entre 1621 y 1665. Cada ensayo versaba sobre un aspecto característico de la sociedad de esa época, siendo este libro el encargado de sumergirnos en los ambientes más sórdidos de la sociedad. Dividido en tres capítulos: “El desenfreno erótico”, “Violencia, crímenes y robos” y “La vida picaresca” la investigación amena y bien documentada de su autor nos acerca al mundo de las celestinas, prostitutas y rufianes, a la más oscura cofradía de jaques y matones y hasta la vida real o literaria de los más variados pícaros que poblaron ciudades como Madrid durante el siglo XVII. La manera de escribir de José Deleito y Piñuela es a la vez de interesante y educadora, sencilla, directa y divertida, con profusión de referencias a anécdotas de la época o a la particularización de los hechos que ayudan a sumergirse más en la sociedad que relata, siendo sus libros una interesante adquisición para aquel que quiera conocer más sobre la manera de vivir en este turbio siglo, separándose de los hechos puramente históricos para alcanzar esa atmosfera que rodeó a los súbditos de Felipe IV.

De los siete volúmenes que José Deleito y Piñuela escribió para esta serie, bajo el título de La España de Felipe IV, los libros El declinar de la Monarquía Española; La Mujer, la casa y la moda; Solo Madrid es corte y La vida religiosa española bajo el cuarto Felipe se encuentran descatalogados, pero siguen publicados tres por Alianza Editorial: El rey se divierte, …también se divierte el pueblo y La mala vida en la España de Felipe IV en edición de libro de bolsillo y con un precio muy asequible.


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