El más sonado de todos los procesos levantados contra los alumbrados durante el reinado de Felipe IV aconteció en el convento de monjas de San Plácido, en la misma villa y corte de Madrid. El escándalo en su momento fue inmenso, dado que salpicó al mismísimo Conde-Duque de Olivares e incluso a su Majestad. El suceso se convirtió en historia y ésta en fantasiosos rumores.
El convento de las monjas benedictinas de San Plácido, llamado de la Encarnación Benita, se encuentra en la c/ Pez de Madrid; fue fundado en 1624 por don Jerónimo de Villanueva, noble caballero y protonotario de la Corona. Tenía este caballero una joven prometida llamada doña Teresa Valle de la Cerda, quien recibió de súbito la llamada divina, ingresando en dicho convento con la dote de su noviazgo. Desde 1628 ésta dama sería la abadesa del convento, siendo el párroco y confesor del rebaño de devotas el Padre Francisco García Calderón. Estos tres personajes serían los protagonistas de ésta historia.
El Padre Francisco tenía fama de virtuoso y de sabio teológico así como de ser uno de los varones más santos de la iglesia, pero el sacerdote guardaba secretamente sus ideales alumbrados. Con su don de palabra convenció como confesor a sus novicias de la necesidad de alcanzar la gloria de dios a través de actos carnales hechos en caridad, y por tanto sin ser pecaminosos. De esta manera el bueno del párroco engatusó a las monjas convirtiendo el convento en su propia mancebía, siendo la abadesa la primera seducida por los sermones del cura. En este caldo de cultivo fue cuando hizo su aparición el Demonio en San Plácido.
El día de la natividad de la virgen en 1630 una de las monjas comenzó a mostrar aversión a las reliquias, adoptando muecas extrañas e infringiéndose golpes contra sí misma, que llevaron a pensar en una posible posesión diabólica. El médico consultado aconsejó al Padre Francisco realizar un exorcismo, pero resultó inútil, pues a los pocos días los síntomas se extendieron a otras monjas alcanzando a 25 de las 30 enclaustradas. Las monjas admitían sentirse poseídas por un demonio al que llamaron Peregrino, el cual les causaban sofocos, ahogos, temblores, misteriosas llamadas imperiosas, voces extrañas e impulsos irrefrenables. Ninguna de ellas dudaba de la posesión diabólica, pero la presa predilecta de Peregrino fue la abadesa Teresa, quien no paraba de mortificarse para huir de la angustiosa tentación… el demonio ejercía el poder de los celos, como si de un amante se tratase. Ni que decir tiene, que el influjo del confesor y de sus eróticas conversaciones en el confesionario ayudó a crear ese ambiente de posesión colectiva o histerismo, como han explicado varios médicos posteriormente.
El caso transcendió los muros de clausura y se extendió por los mentideros y como el convento había sido fundado por Villanueva, amigo del Conde-Duque de Olivares, la noticia no tardó en convertirse en escándalo político. Parece ser que el propio Villanueva, convencido de que su antigua prometida, la abadesa poseía el don de la clarividencia, aconsejó al Conde-Duque acudir a San Plácido para interceder por el nacimiento de un hijo varón que heredase sus títulos. Angustiado por la situación de su descendencia, el valido del Rey acudió, tal y como consta en el proceso, y según murmuraron sus enemigos, para obtener la intercesió
n del demonio Peregrino gracias a las hechicerías de las que se valía el propio Olivares, y que eran por todos conocidas en la Corte. A éste hecho hay que sumarle otra historia de cortejo amoroso en la que se vio envuelto el propio Felipe IV de mano de estos dos subordinados y que puso en graves aprietos a la monarquía…pero esta historia ya la que trataré en otra ocasión. El definitiva, el escándalo fue mayúsculo dentro de Palacio y fue la comidilla del Mentidero de San Felipe durante los 3 años en los que se alargaron los exorcismos dentro del convento.
Finalmente el fraile Alonso de León denunció el caso ante la Inquisición en 1631, lo que llevó a apresar una noche tanto al Padre Francisco como a la abadesa y a las monjas endemoniadas, siendo llevados a las cárceles secretas de la Inquisición en Toledo.
La tortura reveló comportamientos lascivos y sacrílegos en terreno santo, acaecidos en el convento, mezclas de superstición y de libertinaje junto a magia negra y herejía iluminista. Con todo y eso, el Padre Francisco negó el cargo de alumbrado, reconociendo que había embaucado a las monjas por puro placer carnal pero sin afán de adoctrinar según la secta iluminista. Ésta confesión le rebajó en mucho la pena, impuesta por el Inquisidor General Diego Serrando de Silva en 1633, siendo recluido de por vida en un convento, privado de todo cargo, con ayuno forzoso a pan y agua tres veces por semana y dos disciplinas para mortificarse. Las monjas fueron condenadas de levi, es decir en menor grado, y después de abjurar se las escoltó a diversos conventos apartados. La abadesa fue recluida en el convento de Santo Domingo el Real de Toledo, pero fue en breve perdonada restituyéndola en el cargo y puesto gracias a la intercesión de Villanueva y Olivares.
El influjo de estos dos poderosos hombres, junto con la conducta ejemplar que demostraría después la abadesa llevarían a algo muy inusual: la revisión del proceso para reivindicar el honor perdido por los acusados. Se alegó que el fraile ejecutor de la denuncia era amigo personal del Padre Francisco y que aquello generó en la tergiversación de las declaraciones de las monjas. El Consejo de la Suprema admitió el recurso, abriéndose nuevo juicio con una sentencia favorable y absolutoria en 1638. El poder de los protectores del convento consiguió lo que en su momento no pudieron hacer. El único que no recibió el indulto fue el confesor, dada su reincidencia en sus delitos de liviandad con otra devota.
Aun con todo el mito y las leyendas de San Plácido no acaban aquí, pues la imaginación popular y los sucesos acontecidos tiñeron al convento de un aura de magia y superchería que impregnaría en numerosos sucesos acaecidos en el lugar, así como a los propios objetos que albergaban sus muros. Pero eso es otra historia…