Real Sitio – El Palacio de la Ribera de Valladolid

palaciodelariberacolore Real Sitio   El Palacio de la Ribera de ValladolidEl Palacio de la Ribera de Valladolid que volvió a ser corte un lustro de la mano de Felipe III, estuvo construido en la orilla oeste del Pisuerga, alejado del centro urbano de la ciudad, pasando a formar parte del Real Patrimonio en 1606 cuando su valido, el duque de Lerma se lo vendió para integrarlo en la “Huerta del rey”, el resto de terrenos agropecuarios que bordeaban el río.

Esta hábil maniobra permitió al valido deshacerse de una propiedad que no volvería a brillar tras el abandono de la ciudad por la corte ese mismo año. Concebida como una casa de recreo y entretenimiento, la finca contaba además con una buena extensión de terreno poblada de huertas con las que se obtenían rentables productos que otorgaban un valor añadido a la finca de descanso; en ella se cultivaba trigo, cebada, viñas, hortalizas, legumbres y frutas para su venta. La finca también albergaba multitud de animales de caza, como jabalíes, venados o conejos, y suntuosas aves. Además, aprovechando la propia fuerza del río, se diseñó un ingenio por Pedro de Zubiaurre en 1604 para subir el agua del río para regar las plantaciones. El río también fue aprovechado por su carácter lúdico y su valor piscícola, mediante un cenador en el agua, para disfrute del paisaje y el paseo en  varias galeras y góndolas reales.

Este singular palacio se unió al resto del entramado palaciego de impulso real de la ciudad, a través de un embarcadero que conectaba con uno de los múltiples pasadizos que unían las estancias regias de Felipe III en Valladolid, muchas ellas reaprovechadas de edificaciones de anteriores nobles, otorgando al monarca un lugar de reposo cercano. A su vez el propio Duque vio aumentada su imagen política y su influencia sobre el monarca mediante el agasajo con todo tipo de festejos en lo que era su residencia.

La finca comenzó a configurarse con la compra de los primeros terrenos cercanos al Puente Mayor en 1601, tras lo cual se iría incrementando mediante compras parciales, a la vez que el valido convencía al monarca de adquirir terrenos vecinos, configurando la Huerta del Rey, lo que a la larga le ayudaría a la hora de venderle la Huerta de la Ribera una vez perdida su importancia. Limitaba su forma alargada el río Pisuerga y el camino del Prado, empedrado para satisfacer las exigencias del duque para evitar polvareda y charcos, junto a una bella arboleda de chopos, álamos y olmos. En su interior, el palacio se componía de la propia casa y los jardines aledaños, junto con una plaza de toros y otras construcciones accesorias.

El palacio se podía observar desde la ciudad como una escultura sobre un pedestal, referente del poder del valido e inaccesibles para casi todos. Desde el camino la percepción era distinta, limitada por la cerca de tierra y cal que ofrecía privacidad a sus moradores. Las obras podrían haber partido de una reconstrucción de un palacio existente y parece que el proyecto fue concebido por Francisco de Mora, aunque el maestro de obras fue Diego de Praves.

ingeniodeagua Real Sitio   El Palacio de la Ribera de ValladolidLa puerta principal del recinto era la abierta al norte, cerca del Puente Mayor, por donde accedían los coches del rey a la zona del parquecillo. A través de una larga avenida recta enmarcada por árboles se llegaba a uno de los lados menores del palacio, siendo la entrada principal al mismo, desde el camino del Prado. Hacia el parquecillo se adosaban edificaciones menores, sin composición que daban alojamiento a servicios accesorios a la finca. El edificio de estilo clasicista propio de los Austrias, formaba una T con uno de sus brazos de menor longitud y cerrado por unas galerías que conformaban la llamada Plaza de Toros, que influiría en la plaza construida por Felipe IV en el palacio del Buen Retiro. Cada galería tenía la cubierta aterrizada para servir como mirador hacia el rio y hacia la plaza, conociéndose como “terrado”, y donde se ubicó un “aposentillo” para acoger a los reyes. Desde el ala perpendicular al río del palacio también había un balcón a modo de palco para el monarca, tanto hacia el jardín como hacia el patio. En el propio terrado se encontraría la llamada “sala de trucos” con juegos de surtidores preparados para sorprender a los visitantes incautos. La casa principal construida en ladrillo, tenía dos pisos y el desván, con balcones y ventanas con celosías verdes o azules siendo un palacio muy abierto. En su interior contaba con 16 estancias decoradas con cuadros de gran valor como el retrato del Duque de Lerma por Rubens.

Por la puerta principal se accedía al zaguán, amplio y representativo, cerca de él , el oratorio, con comunicación directa con el jardín y con una escalerilla para subir al piso superior. También se llegaba a la planta noble por las escaleras principales. En esta planta estaban los dormitorios orientados hacia el jardín y el camarín a modo de exposición de piezas de colección. La decoración interior contaba con esteras, azulejos y pinturas con las armas reales y una pinacoteca con obras de Carducho, Rubens, Pablo Veronés, Tiziano, o Pantoja de la Cruz.

El parquecillo contaba con una pérgola que enfatizaba el recorrido y con una fuente realizada al lado de una de las arcas construida en 1672. Entre las plantas había multitud de de rosales y plantas medicinales que proveían la botica real. Al sur se encontraba un recinto cerrado llamado el Jardín de Camarasa, por el marqués que lo vendió, siendo un hortezuelo con robles y encinas con una casa y pozos, comunicándose con el jardín principal por una portezuela.  Por esa zona también se encontraría  un “jardín de tiestos”. En las huertas se plantaban árboles frutales, y en ella se encontraba el estanque grande, habiendo otro estanque en el parquecillo. Al sur se encontraba la pajarera con aves y “pájaros de música” en grandes jaulas.

A oriente del jardín se construyó en 1627 la “galería baja” de madera, acondicionada como cenador, construyéndose también un paredón desde ducha galería hasta el jardín, el “paredón de la Ribera”, donde se elevó una torre a modo de mirador “de los Cuatro vientos” .

El jardín principal constaba de una calle principal donde se ubicaban las fuentes. Se trataba de un hortus conclusus con 4 cuadrados y 4 fuentes de invenciones y la principal de Caín y Abel en el centro, la cual fue regalada en 1623 al Príncipe de Gales. Los cuadros se cerraban con boj, y tenían un trazado geométrico acompañado por naranjos plantados en tiestos. En las calles de tierra se disponían bancos pintados de verde y pérgolas de madera de ese color cubiertas de parra.

A lo largo de toda la finca había 7 casas accesorias, una de ellas la vivienda del jardinero mayor en el parquecillo y otra la del guarda del bosque. Otras eran dependencias de labores agrícolas, como una bodega y un lagar; también una casa de castañetas, o casa de las semillas.

Actualmente, tras un grave proceso de deterioro del palacio, todos los restos del mismo han desaparecido, siendo reemplazados por bloques de edificios, tan solo se han descubierto parte de un lienzo de muro con dos puertas, y varios restos arqueológicos por la zona.

Bibliografía: Javier Perez Gil, El Palacio de la Ribera; recreo y boato en el Valladolid cortesano, Ayuntamiento de Valladolid 2002.

Lerma, la villa del Duque

 

lermapanoramica Lerma, la villa del Duque

La Villa Ducal de Lerma es un pueblo de la provincia de Burgos, sede por antonomasia de Don Francisco de Sandoval y Rojas, primer Duque de Lerma y durante veinte años valido del rey Felipe III. Este hombre, gran amigo desde la infancia del rey supo aprovechar su enorme influencia en el estado para otorgar parte de su grandeza a la villa, a la cual coronó como capital de su propio imperio, compuesto por al menos 40 villas aledañas a Lerma. Anclada sobre una colina en el valle del Arlanza, su silueta refleja el poder que antaño tubo, cuando recias murallas rodeaban su perímetro de la cual aún queda vestigio en la Puerta medieval llamada de la Cárcel por darse dicho uso en el siglo XVII. Pero no fue hasta 1600, cuando la localidad se vio enriquecida por el influjo de su mecenas en una reforma arquitectónica que lo ha convertido en uno de los conjuntos Histórico-Artísticos mejor conservados en España de la época de los Austrias. Gracias a las concesiones reales, a su propia riqueza personal y al empuje de su poder, el ducado se vio embellecido gracias a la mano de grandes arquitectos de la época, como Francisco de Mora, Juan Gómez de Mora y Fray Alberto de la Madre de Dios, quienes erigieron para su señor el Palacio Ducal, la Plaza Mayor de Armas y todas sus edificaciones, 6 monasterios y una Iglesia Colegial, incluyendo en su ambicioso plan la rehabilitación del resto de casco urbano.

Esta gran reforma urbanística ha llegado a nosotros con el sabor de una villa propia de la época, con su arquitectura típica de los Austrias de entre las cuales la estampa de su palacio y de la gran plaza legitima su condición de villa. Centra toda su atención el Palacio, del cual cuentan, es ejemplo claro de los engaños del valido a su rey, quien le pidió poder coronar su obra con 2 torres, sin añadir que ya había construido las dos que por poderes podía tener un Palacio Ducal, de esta forma el edificio pudo lucir 4 espléndidas torres coronadas por chapiteles al gusto de la época. Aneja a esta construcción se encuentra el pasadizo del Duque que nos recuerda un ejemplo típico de la arquitectura de entonces, donde era común conectar los edificios de importancia con centros religiosos a través de estas pasarelas cubiertas, para que los nobles no pisaran la calle, ejemplos perdidos en las dos ciudades cortesanas de esta centuria. El resto del lugar es un conjunto de edificios religiosos, monasterios y conventos, con sus espadañas y sus regios escudos de armas de la familia Sandoval.

Este ambicioso plan y el brillo de la persona del valido atrajo a los miembros de la nobleza, convirtiendo a Lerma en una pequeña Corte de recreo, a la cual acudían personalidades influyentes, amigos del valido, poetas como Góngora o Lope de Vega quien compuso la comedia “La burgalesa de Lerma” en 1613 inspirado en las festividades de la localidad que él mismo vivió; y por supuesto sus majestades Felipe III y su esposa Margarita, quien alumbró en esta villa a su séptimo hijo.

Pero el brillo de Lerma iba asociado al propio Duque y su caída propició el ocaso de la villa. En ella transcurrirían los últimos años de Sandoval y Rojas, al ser alejado de la corte en 1620. Tras su muerte cinco años después, la villa quedaría olvidada durante el resto del siglo, manchada por los delitos de corrupción de su propio mecenas.

lerma Lerma, la villa del Duque


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