Luís de Góngora y Argote

gongora Luís de Góngora y ArgoteEl 23 de mayo de 1627 moría en Córdoba el gran poeta del culteranismo del siglo de oro, Luís de Góngora y Argote, autor de una corriente literaria nacida de su mismo genio. El enemigo acérrimo de francisco de Quevedo, multitud de veces vilipendiando por su coetáneo fue un hombre que aspiró en su vida a encontrar la belleza del lenguaje y a un mecenas que publicase sus obras manuscritas. En lo primero tuvo suerte, pero en la segunda no tanta. De familia noble y pudiente sus enemigos lo acusaron de sangre judía a pesar de que tras sus estudios en Salamanca se acogió al camino de la religión, más por complacencia paterna que por propio gusto dado que, a pesar del adusto semblante con el que lo retrató Velázquez, Góngora siempre fue hombre de chanzas y disfrutes, estando los naipes y la poesía satírica entre sus placeres. Así fueron muchas las quejas que el obispo de Córdoba tuvo de él como canónigo, recriminándole constantemente su ausencia en los actos eclesiásticos y sus comentarios jocosos en el coro.

En 1609 tras varios viajes por la península comenzó a desarrollar más intensamente su trabajo literario conforme a ese gusto barroco de fuerte tensión estética, culminando en sus obras Polifemo y Soledades que inundaron la corte en 1613 dando pie a multitud de seguidores que admiraban esos versos complejos y oscuros. Sería desde entonces admirado por hombres como Juan de Tassis conde de Villamediana, sor Juana Inés de la Cruz o Pedro Soto de Rojas entre otros, para pasar a ser odiado por otros autores como Lope de Vega, Francisco de Quevedo, o Leonardo de Argensola. Su fama se incrementó hasta ser nombrado por Felipe III capellán real en 1617. Por desgracia el ansia de conquistar favores entre los grandes lo llevó a gastar fuertes sumas de dinero, que junto a su afición por el juego lo llevaron a la ruina. En 1627 sufrió una apoplejía que le hizo perder la memoria temporal; arruinado y expulsado de su casa, cuando ya no pudo pagar el alquiler, a su propietario Francisco de Quevedo, marchó a Córdoba donde murió al cuidado de su sobrino, heredero de su obra. Su cuerpo fue enterrado en la  capilla de San Bartolomé de la Catedral de Córdoba, aunque sus huesos no han podido ser identificados.

Este año además se cierra la celebración del 450 aniversario de su nacimiento, con una exposición organizada por la Biblioteca Nacional: Góngora la estrella inextinguible.

Luis de Gongora – Mientras por competir con tu cabello

Mientras por competir con tu cabello
Oro bruñido al sol relumbra en vano,
Mientras con menosprecio en medio el llano
Mira tu blanca frente al lilio bello;

Mientras a cada labio, por cogello,
Siguen más ojos que al clavel temprano,
Y mientras triunfa con desdén lozano
Del luciente cristal tu gentil cuello,

Goza cuello, cabello, labio y frente,
Antes que lo que fue en tu edad dorada
Oro, lilio, clavel, cristal luciente,

No sólo en plata o vïola troncada
Se vuelva, más tú y ello juntamente
En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

firmagongora Luis de Gongora   Mientras por competir con tu cabello

El asesinato del Conde de Villamediana

villamedianaasesinato2 El asesinato del Conde de Villamediana

Fue al caer la tarde del 21 de agosto de 1622 cuando, de vuelta del Palacio Real en coche junto al Conde Luís Méndez de Haro y por la concurrida calle Mayor de Madrid, un hombre se acercó al carruaje del Conde de Villamediana, y sin mediar palabra, le asestó una gran herida en el costado izquierdo con una ballesta, que le hizo rápidamente perder casi toda su sangre. Mientras el conde hacía el amago de desenvainar su espada, su amigo saltó presto a capturar al agresor, mientras Villamediana caía malherido fuera del carruaje. Con premura, el asesino huyó, dejando al conde desangrado, siendo llevado rápidamente a su casa, para morir poco después tras recibir la extremaunción en el portal de la misma, a los 40 años de edad. Tras de sí dejó una considerable fortuna y la herencia del Correo Real, junto con la leyenda de su muerte.

El crimen de aquel día  es uno de los episodios más oscuros y a la vez intrigantes del reinado de Felipe IV; son muchas las leyendas y suposiciones sobre los motivos de la muerte de Juan de Tassisy Peralta, heredero de la saga familiar de Tassis, hombre orgulloso, apuesto y libertino, jugador empedernido, de temperamento temerario y mujeriego, amante del lujo, las joyas y los caballos que coleccionaba en gran número, al igual que sus enemigos, entre maridos engañados y nobles desprestigiados por su sagaz lengua y su habilidad con los naipes. Su pérdida fue sonada durante mucho tiempo por las calles de Madrid.

Pronto se supo la identidad de los dos asesinos, que actuaron a cara descubierta: Iñigo Méndez, quien al poco fue nombrado Guarda Mayor de los Reales Bosques  y Alonso Mateos, Ballestero del Rey. Con esto no es difícil imaginar que la hipótesis más extendidas de todas sitúan como instigador del asesinato al propio rey Felipe IV, incitado por el propio Conde Duque de Olivares, debido fundamentalmente a los rumores de los posibles amoríos entre el Conde de Villamediana y la reina Isabel de Borbón, acrecentados por continuos escándalos y por la propia mano del malhadado noble.

Uno de aquellos comentados sucesos fue la representación en Aranjuez, ante la corte, de la obra de teatro “La Gloria de Niquea” escrita por el propio Villamediana, que terminó con un incendio en los decorados que provocó el pánico general; el Conde, aprovechándose de la situación cogió en brazos a la reina, para ponerla a salvo en un gesto totalmente opuesto con las reglas de la etiqueta cortesana, que impedía a nadie salvo al rey tocar a la reina; la leyenda de que el propio Conde había causado el fuego para poder tener en sus brazos a Doña Isabel corrió por todos los mentideros de Madrid tan rápida como el propio incendio. También fueron muchos los sonetos  que circularon por las calles de la villa y corte, sobre cierto amor sin esperanza del conde, que junto a la aparición del mismo en una fiesta luciendo una capa hecha de reales de plata y con la frase “Son mis amores reales” puso en boca de todos los amoríos entre la reina y Villamediana, con los consecuentes recelos del monarca.

A esto habría que sumar el proceso que se comenzaba a gestar desde la Inquisición sobre Villamediana y su círculo más próximo, en el cual se acusaba directamente al conde de sodomía con unos esclavos negros. El escándalo sería mayúsculo y los implicados en las altas esferas demasiados como para permitir que todo aquello se supiese, por lo que finalmente, y tras la muerte del Conde todo quedaría suficientemente encubierto como para que solo pagasen los criados por los pecados de sus amos, dando carpetazo a la investigación.

Por todo ello no es de extrañar que aún contando con innumerables enemigos, el pueblo encontrase la mano del valido o del propio rey detrás la muerte de este famoso personaje, amigo de literatos como Luis de Góngora, quien dedicaría unos versos a su muerte, y de grandes personalidades de su época.

El cuerpo del Conde de Villamediana sería llevado a San Felipe el Real, frente a su casa y sede del mentidero más popular de la villa, para después ser enterrado en la capilla mayor del Convento de San Agustín, en Valladolid. Pero lejos de caer en el olvido aquel crimen sería recordado tanto en su misma época como posteriormente, en multitud de novelas y de libros, como “Decidnos: ¡quien mató al Conde?” De Néstor Luján, o “Capa y espada” de Fernando Fernán Gómez que tratarían de aclarar el asesinato que más conmovió a la ciudad de Madrid.

Luis de Góngora – Decidnos ¿quien mató al conde?

Mentideros de Madrid,
decidnos, ¿Quién mató al conde?,
ni se sabe, ni se esconde,
sin discurso, discurrid :
Dicen que le mató el Cid
por ser el conde lozano.
¡Disparate chabacano!
La verdad del caso ha sido
que el matador fue Bellido
y el impulso soberano.

firmagongora Luis de Góngora   Decidnos ¿quien mató al conde?

Lerma, la villa del Duque

 

lermapanoramica Lerma, la villa del Duque

La Villa Ducal de Lerma es un pueblo de la provincia de Burgos, sede por antonomasia de Don Francisco de Sandoval y Rojas, primer Duque de Lerma y durante veinte años valido del rey Felipe III. Este hombre, gran amigo desde la infancia del rey supo aprovechar su enorme influencia en el estado para otorgar parte de su grandeza a la villa, a la cual coronó como capital de su propio imperio, compuesto por al menos 40 villas aledañas a Lerma. Anclada sobre una colina en el valle del Arlanza, su silueta refleja el poder que antaño tubo, cuando recias murallas rodeaban su perímetro de la cual aún queda vestigio en la Puerta medieval llamada de la Cárcel por darse dicho uso en el siglo XVII. Pero no fue hasta 1600, cuando la localidad se vio enriquecida por el influjo de su mecenas en una reforma arquitectónica que lo ha convertido en uno de los conjuntos Histórico-Artísticos mejor conservados en España de la época de los Austrias. Gracias a las concesiones reales, a su propia riqueza personal y al empuje de su poder, el ducado se vio embellecido gracias a la mano de grandes arquitectos de la época, como Francisco de Mora, Juan Gómez de Mora y Fray Alberto de la Madre de Dios, quienes erigieron para su señor el Palacio Ducal, la Plaza Mayor de Armas y todas sus edificaciones, 6 monasterios y una Iglesia Colegial, incluyendo en su ambicioso plan la rehabilitación del resto de casco urbano.

Esta gran reforma urbanística ha llegado a nosotros con el sabor de una villa propia de la época, con su arquitectura típica de los Austrias de entre las cuales la estampa de su palacio y de la gran plaza legitima su condición de villa. Centra toda su atención el Palacio, del cual cuentan, es ejemplo claro de los engaños del valido a su rey, quien le pidió poder coronar su obra con 2 torres, sin añadir que ya había construido las dos que por poderes podía tener un Palacio Ducal, de esta forma el edificio pudo lucir 4 espléndidas torres coronadas por chapiteles al gusto de la época. Aneja a esta construcción se encuentra el pasadizo del Duque que nos recuerda un ejemplo típico de la arquitectura de entonces, donde era común conectar los edificios de importancia con centros religiosos a través de estas pasarelas cubiertas, para que los nobles no pisaran la calle, ejemplos perdidos en las dos ciudades cortesanas de esta centuria. El resto del lugar es un conjunto de edificios religiosos, monasterios y conventos, con sus espadañas y sus regios escudos de armas de la familia Sandoval.

Este ambicioso plan y el brillo de la persona del valido atrajo a los miembros de la nobleza, convirtiendo a Lerma en una pequeña Corte de recreo, a la cual acudían personalidades influyentes, amigos del valido, poetas como Góngora o Lope de Vega quien compuso la comedia “La burgalesa de Lerma” en 1613 inspirado en las festividades de la localidad que él mismo vivió; y por supuesto sus majestades Felipe III y su esposa Margarita, quien alumbró en esta villa a su séptimo hijo.

Pero el brillo de Lerma iba asociado al propio Duque y su caída propició el ocaso de la villa. En ella transcurrirían los últimos años de Sandoval y Rojas, al ser alejado de la corte en 1620. Tras su muerte cinco años después, la villa quedaría olvidada durante el resto del siglo, manchada por los delitos de corrupción de su propio mecenas.

lerma Lerma, la villa del Duque

Clásicos por Bulerías

Por las tablas de Almagro, Vicente Soto Sordera, paseó sus Versos Navegables por el festival cuna de los poetas del siglo de oro, quienes sonaron por bulerías y fandangos, con el magnifico fondo de la Universidad Renacentista y el calor de la Mancha. No es la primera vez que Sordera busca en los clásicos letras para sus soleás y martinetes, ya otros como Cervantes o Molière fueron protagonistas de sus cantos. Ahora le toca a los maestros barrocos, a quienes aprovecha para hacer un recorrido por todos los palos del flamenco: a Gongora con unas alegrias gaditanas, a Quevedo con tonás y martinetes y a Lope con soleá y fandangos y es que, como dice el propio Sordera, el flamenco y la poesía barroca comienzan transcendentes y terminan cantando, en un fluir de versos como el agua meciéndose. Sus Versos Navegables continuarán travesía por Madrid en una visión distinta de palabras clásicas:

   El tiempo que todo lo muda – Martinete – Quevedo
   Amarrado al duro banco (fragmento) – Alegrías – Góngora
   De mis soledades vengo – Soleá – Lope de Vega
   Antes de que amanezca sale me niña – Ritmo de Vals – Lope de Vega
   Halla en la causa de su amor todos los bienes – Colombianas – Quevedo
   Que se nos va la Pascua, mozas – Romances – Góngora
   Pobre barquilla mía – Aires de Huelva – Lope de Vega
   Quisiera olvidar – Tangos – Quevedo
   Autorretrato – Bulerías – Cervantes
   Enemigos entre sí – Fandangos – Pedro Atienza 

32 Clásicos por Bulerías

http://www.festivaldealmagro.com/obra.php?id=32

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Quevedo vs Góngora – Quinto Asalto

Quinto y último asalto. Ataca Quevedo:

¿Qué captas, noturnal, en tus canciones,
Góngora bobo, con crepusculallas,
si cuando anhelas más garcivolallas,
las reptilizas más y subterpones?

Microcósmote Dios de inquiridiones,
y quieres te investiguen por medallas
como priscos, estigmas o antiguallas,
por desitinerar vates tirones.

Tu forasteridad es tan eximia,
que te ha de detractar el que te rumia,
pues ructas viscerable cacoquimia,

farmacofolorando como numia,
si estomacabundancia das tan nimia,
metamorfoseando el arcadumia.

firmaquevedo Quevedo vs Góngora   Quinto Asalto

No se conoce la respuesta de Góngora a estos versos, si bien no sería la última batalla literaria que tendrían ambos genios.

Quevedo vs Góngora – Cuarto Asalto

Cuarto asalto. Ataca Góngora.

Cierto poeta, en forma peregrina
cuanto devota, se metió a romero,
con quien pudiera bien todo barbero
lavar la más llagada disciplina.

Era su benditísima esclavina,
en cuanto suya, de un hermoso cuero,
su báculo timón del más zorrero
bajel, que desde el Faro de Cecina

a Brindis, sin hacer agua, navega.
Este sin landre claudicante Roque,
de una venera justamente vano,

que en oro engasta, santa insignia, aloque,
a San Trago camina, donde llega:
que tanto anda el cojo como el sano.

firmagongora Quevedo vs Góngora   Cuarto Asalto

Quevedo vs Góngora – Tercer Asalto

Tercer asalto. Ataca Quevedo.

Yo te untaré mis obras con tocino
Porque no me las muerdas, Gongorilla,
Perro de los ingenios de Castilla,
Docto en pullas, cual mozo de camino.

Apenas hombre, sacerdote indino,
Que aprendiste sin christus la cartilla;
Chocarrero de Córdoba y Sevilla,
Y en la Corte, bufón a lo divino.

¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?

No escribas versos más, por vida mía;
Aunque aquesto de escribas se te pega,
Por tener de sayón la rebeldía.

firmaquevedo Quevedo vs Góngora   Tercer Asalto

Quevedo vs Góngora – Segundo Asalto

Segundo asalto. Ataca Góngora

Anacreonte español, no hay quien os tope.
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope

¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada día.
Sobre zuecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier gregüesco luego.

firmagongora Quevedo vs Góngora   Segundo Asalto


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