El proceso de Zugarramurdi
Recibe este nombre el proceso inquisitorial llevado a cabo en un pequeño pueblo navarro llamado Zugarramurdi. El proceso comenzó en 1608 cuando María de Ximilguen fue requerida por el tribunal del Santo Oficio por su relación con otro proceso centrado en la ciudad francesa de Ciboure. Durante su testimonio, María reconoció haber soñado con varios vecinos del pueblo mientras participaban en diversos aquelarres celebrados en las cuevas del pueblo navarro; junto a este sueño comenzó a identificar a varias mujeres como María Chipia, Estevania de Teclea, María de Zozoya o Graciana de Barrenechea. La pena impuesta por el párroco local era la petición de perdón público por herejía, que se hubiera quedado así de no ser por la mediación de una denuncia al Tribunal de Logroño, que regía también el País Vasco y Navarra, por parte de Fray León de Aranibar, abad del monasterio de la vecina localidad de Urdax.
Esta denuncia y la posterior investigación por parte de la Inquisición, a través de Alonso Becerra y Juan del Valle Alvarado, desató un terror colectivo donde las antiguas trifurcas y odios salían a la luz en forma de denuncias cruzadas que como resultaron dejaron a unas 5000 personas sospechosas, de las que compadecieron ante el tribunal unas 1500 dejando a 300 como acusados en firme. 53 de ellas fueron señaladas como peligrosas y fueron encerrados en la prisión de Logroño. El juicio se extendió desde 1608 a 1610, año del gran auto de fe, realizado en 7 y 8 de noviembre, donde 21 personas fueron acusados de cargos menores, 21 fueron perdonados y a 11 de los imputados por herejía y brujería fueron llevados a la hoguera (6 en persona y 5 en efigie), frente a casi 20.000 personas que se habían reunido en la plaza de Logroño como espectadores para la ocasión. El Auto de Fe tuvo una gran repercusión en su época y dejó una marca a modo de estigma social sobre la población del valle de Baztán. Ésta sería la última vez que la inquisición española condenaría a alguien con la acusación de brujería.
Solo hubo un licenciado que medió e intentó imponer la razón sobre el miedo, fue Don Alonso de Salazar y Frías, quien se trasladó a Navarra para estudiar lo sucedido y que desde entonces fue apodado como “el abogado de brujas” por su defensa de estas mujeres, en su mayoría herbolarias que habitaban fuera de los núcleos urbanos y aún practicaban algún tipo de rito pagano, algo que les hacía blanco fácil para este tipo de acusaciones; pero no solo fueron mujeres las acusadas, también hombres y niños fueron investigados y procesados. Fue gracias a él por quien la inquisición reconoció sus errores en el proceso con el llamado “Edicto del Silencio” en el cual concluyeron, junto con Salazar, que la única realidad es que no hubo brujas ni embrujados hasta que se comenzó a tratar y escribir sobre ellos.
Actualmente hay abierto en la población de Zugarramurdi el “Museo de las Brujas”, en funcionamiento desde el año 2007, donde se puede revivir el proceso más famoso de brujería en España y que aún es recordado por sus habitantes en las mismas cuevas donde se dijo que se llevaban a cabo los aquelarres, llamadas en euskera Akelarrenleze. Como conmemoración del 400 aniversario de los sucesos se han desarrollado durante todo el año visitas guiadas, recreaciones, conferencias y exposiciones.
Aqui os dejo un pequeño reportaje sobre el proceso y el museo:
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