Miguel de Cervantes Saavedra vivió en la ciudad de Valladolid en dos ocasiones, la primera en su niñez, cuando tenía apenas 4 años de edad. Por aquel entonces se sabe que habitó en una de las casas de la llamada Acera Sancti Spiritu próxima a ese monasterio.
Cincuenta años más tarde, el escritor volvería a residir en la entonces capital del reino de Felipe III, a partir del año 1604, cuando llegó para editar la novela de El Quijote, a través de Francisco de Robles; residiría en la ciudad hasta que ésta dejó de ser corte, allá por 1606. La casa donde se alojó fue identificada como tal en el año 1866, gracias al “proceso Ezpeleta” por el cual el escritor y su familia tuvieron que acudir a la justicia para declarar por la muerte del Caballero Ezpeleta en las cercanías de su casa, donde datos fehacientes de que la vivienda era una de las cinco casas construidas por Juan de Navas en 1601 en la calle del Rastro, exactamente en la Nº 9. Estas viviendas fueron erigidas gracias al auge constructivo que sufrió Valladolid con la llegada de la Corte y su estancia hasta 1606.
De las tres viviendas que se conocen en Madrid, Alcalá de Henares y Valladolid, que fueron habitadas por el escritor, solo se conserva esta última con la estructura de la época. Del grupo de viviendas construidos por Navas se conservan cuatro de las mismas, siendo en la segunda donde habitó el escritor en la primera planta junto a sus hermanas, esposa e hija. Las dimensiones de la vivienda eran muy reducidas para todos los que en ella moraban, aunque actualmente se han añadido habitaciones de las casas vecinas para recrear estancias tipo de las casas del siglo XVI y XVII, como son el estrado, el aposento y la alcoba.
Así pues la vivienda era un estrecho rectángulo, con fachada delantera a la calle del Rastro y trasera con alzado a un patio interior, donde posiblemente hubo corrales. Ambas fachadas son de sillería y sillarejo en su zócalo y ladrillo con recercado en el balcón de la planta primera y en la ventana de la segunda. Cada una de las casas se compone de planta baja, principal y segunda, con un bajocubierta o buhardilla iluminada. En el interior, cada casa era similar; contaba con cuatro estancias todas ellas con pavimento de baldosa de barro, encaladas y con el techo de viguetas de madera. La entrada se hacía a través de un zaguán por el cual se accedía a las escaleras y que parecía contar con un pozo.
La casa ha sufrido algunas modificaciones durante las rehabilitaciones realizadas en el siglo XIX y XX, pero permite ver la estructura y tipología de las viviendas comunes durante el siglo XVI. De las estancias que se muestran en la exposición, las originales de la vivienda tendrían usos diferentes a los expuestos. El recibimiento habría sido la habitación principal, la de mayor luz y con vistas al río Esgueva, hoy canalizado. En ella habría escrito Cervantes parte de sus obras como las “Novelas Ejemplares”, “El Coloquio de los Perros” o “El Licenciado Vidriera”. La alcoba si tendría la función que hoy se representa, aunque probablemente y dado la pequeña dimensión de la vivienda donde residían seis personas, las camas podrían recogerse durante el día. El comedor solo existía como tal en palacios de gente pudiente, habiendo sido éste la alcoba de las mujeres de la casa. La cocina también refleja una tipología de la época, no acorde con la estructura de esta casa tan pequeña, donde se utilizarían braseros o anafres para cocinar.

En cualquier caso, la casa nos permite vislumbrar las estancias más típicas de las casas del siglo de oro, pudiendo admirar las dimensiones de las mismas, sus materiales y los muebles con los que se decoraban, acercándonos a los modos de vida de ésta época.
Video del museo Casa Cervantes de Valladolid.