El oro del rey

elorodelrey El oro del rey

Obra: El oro del rey
Autor: Arturo Pérez-Reverte
Ilustrador: Carlos Puerta y Joan Mundet
Editorial: Alfaguara, 2000

Sevilla,1626. Asu regreso de Flandes, donde han participado en el asedio y rendición de Breda, el capitán Alatriste y el joven mochilero Íñigo Balboa reciben el encargo de reclutar a un pintoresco grupo de bravos espadachines para una peligrosa misión, relacionada con el contrabando del oro que los galeones españoles traen de las Indias. Los bajos fondos de la turbulenta ciudad andaluza, el corral de los Naranjos, la cárcel real, las tabernas de Triana, los arenales del Guadalquivir, son los escenarios de esta nueva aventura, donde los protagonistas reencontrarán traiciones, lances y estocadas, en compañía de viejos amigos y de viejos enemigos.

De todas las novelas de la saga El Oro del Rey es quizás la que ofrece una lectura más fluida, leyéndose con gran rapidez, quizás en parte porque el argumento se vuelve a centrar de nuevo en los personajes protagonistas y en sus viejos rivales de los dos primeros libros, e incluso recuperando al siempre ingenioso poeta D. Francisco de Quevedo, reduciendo así el tono coral de El Sol de Breda. Esta vez, el escenario será brillante Sevilla del siglo XVII, sus bajos fondos y el claroscuro que el oro y la plata de las Indias le proporciona. La historia le toma el pulso a la aventura de capa y espada ágil y entretenida, donde poder disfrutar de nuevo del enfrentamiento entre viejos conocidos a los que se echaba de menos.

Cádiz

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La ciudad de Cádiz, asentada sobre una península asomada al mar, fue un punto estratégico para el comercio con América y el transporte de mercancías por el Guadalquivir. Su historia, larga y pródiga en asentamientos arranca con un inicio del siglo XVII marcado por el asalto a la ciudad en 1596 por parte de las tropas anglo-holandesas liderados por Lord Effingham y que obligó a la reconstrucción de la ciudad como una verdadera fortaleza, construyéndose las principales fortificaciones a partir de 1609, como el fuerte de Santa Catalina, y el castillo de San Sebastián y Puntales. De nuevo en 1625, la ciudad sentiría de nuevo el peligro de otro asalto por mar a cargo de los ingleses, liderados por Lord Wimbledon, afortunadamente repudiado esta vez, e impulsando medidas para la seguridad de la ciudad hasta casi hacerla inexpugnable.

Siempre en pugna con Sevilla y con Sanlúcar de Barrameda por los beneficios de las riquezas de las Indias, Cádiz fue ganando a sus competidoras en el transcurso del siglo XVII.  Primero con la pérdida de los privilegios de Sanlúcar, centro del poder de los Medina Sidonia, tras la conjura del duque contra Felipe IV, que hizo perder las franquicias comerciales en 1645, al incorporase a la Corona, impulsando el traslado de los comerciantes a Cádiz, la cual vio incrementar notablemente su población y con ello sus riquezas. Con respecto a Sevilla, la batalla por el monopolio fue más reñida, ganando poco a poco Cádiz a los mercaderes extranjeros, para acabar finalmente con su hegemonía con el traslado de la Casa de Contratación a la ciudad gaditana, por los Borbones.

Con todo y esto, Cádiz contaba con 14.000 habitantes en 1625, un número que se iría incrementando con su importancia y que era conformado en su mayoría por marineros y comerciantes, gran parte de ellos extranjeros. Así pues, la ciudad se reconfiguraría tras los ataques marítimos, por las fortalezas que la rodeaban, ciñendo su perímetro a la propia península y por las casas de los grandes comerciantes, llamadas Cargadores a Indias que originarían una tipología propia de vivienda-almacén. Se dio paso a la reconstrucción de los grandes edificios representativos, como la catedral (en 1602) y a la cuarta parte de las casas que fue pasto de las llamas, así como la creación del verdadero bastión, todo a cargo de Cristóbal de Rojas, el ingeniero militar más reputado de su tiempo.

La ciudad propiamente dicha, tardará varios años en ser reconstruidas, manteniendo casi unas 300 casas sin uso, pues la población, tras el ataque de 1596 se reduciría drásticamente a 5300 habitantes. Poco a poco, con la reconstrucción, la ciudad iría creciendo hacia el Campo de la Jara, donde se encontraban los pozos acuíferos más importantes para el abastecimiento de la ciudad, creándose la calle Ancha, centrándose el crecimiento hacia el borde de la bahía al noroeste. La vida marítima se extendería por una franja estrecha desde el castillo-baluarte de San Felipe, donde se concentrarían las casas de comerciantes y las dependencias de actividades marítimas, como la Aduana Real, la Proveeduría de la Armada, casa del Veedor del Almirantazgo, hornos de bizcocho para alimento de la tripulación de los barcos, etc.

Los poderes locales seguirían residiendo en los alrededores de la Corredera y la Puerta de la Tierra, como el gobernador de la plaza, varios regidores municipales y al menos una docena de escribanos públicos.

Aquella población que podía permitirse comprar una vivienda, salieron del viejo Cádiz para instalarse cerca del Campo de la Jara, frente a la bahía; mientras los que solo podían pagar por residir, ocuparon el viejo barrio de Santa María, donde gran número de casas habían sido abandonadas por sus anteriores propietarios, quienes ganarían mucho dinero con el alquiler, dado el escaso terreno del que dispone la ciudad para construir y el número incesante de habitantes recién llegados. En este “ensanche” se conformaría la Plaza de San Antonio y que adoptaría los eventos lúdicos de la ciudad de su nobleza. También se construirían varios corrales de vecinos, para los niveles más populares de la población. El desarrollo urbanístico acabaría atrayendo a la ciudad a numerosas órdenes religiosas, amparadas por los ricos comerciantes, extendiéndose a lo largo de toda la ciudad.

Venganza en Sevilla

venganzaensevilla Venganza en Sevilla

Obra: Venganza en Sevilla
Autor: Matilde Asensi
Editorial: Planeta 2010

“Una ciudad, una familia y una deuda por saldar”

Sinopsis: Sevilla 1607 Catalina Solís, la protagonista de Tierra Firme, llevará a cabo su gran venganza en una de las ciudades más ricas e importantes del mundo, la Sevilla del siglo XVII. Cumplirá así el juramento hecho a su padre adoptivo de acabar con los Curvo, gracias a una espectacular venganza múltiple basada en el engaño, la seducción, la fuerza, la sorpresa, el duelo, la medicina y el juego. La acompañan en esta arriesgada aventura amigos de Tierra Firme y unos pícaros supervivientes, dispuestos a dar su vida por un personaje tan legendario. Una novela de acción trepidante que mantiene en vilo la atención del lector con descubrimientos y sorpresas en cada página.
La aparición de la Venganza de Sevilla continúa la supuesta trilogía de Martín Ojo de Plata iniciada con Tierra Firme, siendo uno de los libros revelación de comienzos de este año de la editorial Planeta, dado que Matilde Asensi es un buen fenómeno de ventas en nuestro país.

En la página web de Matilde Asensi podéis encontrar el primer capítulo para descargar y unos mapas con las rutas de los personajes de unas cuantas novelas de la autora, especializada en bestsellers históricos.

Los escenarios de Alatriste

mapadelarutadealatriste Los escenarios de Alatriste

Desde Bayuca, y aprovechando las vacaciones estivales, os propongo un viaje por los escenarios de la película de Alatriste. La cinta se rodó en diversas localizaciones como El Álamo en Madrid, Uclés en Cuenca, Baeza, Cádiz, Tarifa, Sevilla, Santiponce, Úbeda, Conil todas ellas en Andalucía, lugares que recreaban el Madrid de Alatriste.

 

MADRID
En la provincia de la Madrid se visitaron distintas poblaciones como Talamanca del Jarama donde se grabaron diversos exteriores con carruajes e interiores como el Hospital de Sifílicos, donde Alatriste visita a María de Castro. También se grabó en El Álamo las primeras escenas eminentemente bélicas, como son la toma de Breda y la encamisada española, al comienzo de la película.

loctalamanca Los escenarios de Alatriste
Además uno de los escenarios reales que más juego dio en la película fue el Monasterio de El Escorial; en esta localización se puede reconocer la Biblioteca así como la fachada de la basílica, los pasillos y claustros y los archivos, viéndose por completo la silueta del monasterio en la escena de la cacería real.

locescorial Los escenarios de Alatriste

UCLÉS – CUENCA
En este pueblecito de Cuenca se rodaron las escenas de la batalla de Rocroi, en la parte baja del mismo, desde donde se puede admirar el conjunto del castillo, la muralla y el monasterio, como fondo de la batalla final de la película.

locucles Los escenarios de Alatriste

 

UBEDA
Comenzamos nuestro viaje por Úbeda, en la sierra de Jaén es una de las joyas del Renacimiento, reconocida como tal por la UNESCO, quien la nombró Patrimonio de la Humanidad en el año 2003. En sus calles se han rodado numerosas películas de época, desde Rosa y Negro, la Princesa de Éboli y por supuesto Alatriste, gracias a que su cuidado casco histórico mantiene ese halo de época.

La mayoría de las tomas realizadas en la ciudad se centraron en una zona concreta, la Plaza Vázquez de Molina donde se sitúan varios edificios emblemáticos de Úbeda. El más representativo es el Palacio de Vázquez de Molina, también conocido como de las Cadenas, es un edificio del siglo XVI situado cerca de la colegiata de Santa María y la iglesia del Salvador, configurando una de las plazas más singulares del Renacimiento español. El edifico alberga hoy en día el Archivo Histórico Municipal de la ciudad y en la película reflejaba el palacio donde Alatriste se reunía con el Conde Duque de Olivares; estos mismos exteriores sirvieron para rodar diversas escenas de la salida de una taberna.

locpalaciocadenas Los escenarios de Alatriste

La iglesia de Santa María, ubicada en la misma plaza que el Palacio de las Cadenas, fue el escenario de otro gran duelo de la película, el protagonizado por Alatriste, Malatesta e Iñigo Balboa en su bello claustro gótico, además de la escena en la que Iñigo espera en vano a Angélica.

locstamaria Los escenarios de Alatriste

Por último la Plaza de Santo Domingo fue el escenario escogido para uno de los duelos más intensos de la película, aquel que enfrentó a Iñigo Balboa y Gualterio Malatesta a un duelo a muerte.

locplazastodomingo Los escenarios de Alatriste

BAEZA
Vecina insigne de Úbeda en su declaración conjunta como Patrimonio de la Humanidad, fue el escenario de multitud de escenas de la película, debido al amplio casco antiguo poblado de monumentos renacentistas. En sus calles se grabaron duelos de espadas, entre ellas en las calles Alta, Canónigo Melgares Raya, Romero Mengíbar, Cobertizo, Sacramento, Laza de Santa Cruz, Cuesta de San Felipe Neri y Plaza de Santa María.

Además Baeza prestó varios de sus bellos edificios para escenas más concretas, como por ejemplo la Catedral, donde se rodó en su magnifica escalinata una escena con María de Castro o la Antigua Universidad y la calle Juan de Ávila donde se recreó un mercado popular.
 

loccatedralbaeza Los escenarios de Alatriste

SANTIPONCE
Santiponce es un pequeño pueblo cercano a Sevilla que cuenta con el Monasterio de San Isidoro del Campo, lugar de rodaje de la entrevista mantenida por Alatriste y Malatesta con el inquisidor general, Francisco Bocanegra. Además, durante su estancia en este lugar, se ofreció la única rueda de prensa ofrecida durante el rodaje en Andalucía.

locmonasteriosantiponce Los escenarios de Alatriste

SEVILLA
La luminosa ciudad de Sevilla tuvo que teñirse de gris para reflejar el invierno madrileño en varias escenas, ambientadas gracias a 250 extras ataviados de invierno bajo el sol andaluz, para varias tomas, principalmente grabadas en la zona de la Casa de la Moneda, y que recogían el momento en el que Alatriste y Quevedo asisten al estreno de una obra en el corral de comedias y donde el poeta habla con el capitán sobre la política del país.

locsevilla Los escenarios de Alatriste

CADIZ
La luminosa ciudad fue escenario de las escenas ambientadas en el fragmento de la novela “El Oro del Rey”. En el Castillo de San Sebastian se rodaron las escenas de la cárcel, donde Alatriste acude a reclutar a varios jaques para la toma del galeón. En la playa de La Caleta, cerca del Castillo, también se rodaron escenas, en este caso la que escenificó el desembarco de los soldados veteranos de los tercios, con un total de 367 extras. El Balneario de Palma sirvió para la recreación de un poblado típico del siglo de oro.

loccastillocadiz Los escenarios de Alatriste

TARIFA Y CONIL
Este municipio cercano a Gibraltar fue el escenario donde se construyó el galeón de la novela “El Oro del Rey”, en su bellísima Playa de Valdevaqueros, famosa por sus dunas de arena fina, se grabaron las escenas del asalto y la batalla al buque. Conil y su Playa de Castilnovo fue el lugar escogido para el reencuentro entre Alatriste e Iñigo, recién desembarcado de galeras

locplaya Los escenarios de Alatriste

Andalucía es la comunidad que más provecho turístico ha sacado de las localizaciones de la película, ofertando una ruta turística disponible en la siguiente página:

http://www.andaluciafilm.com/afc/files/UserFiles/filmcommission/File/ruta%20de%20cine%20Alatriste.pdf

Tanto para aquellos que os gustara la película como a los que no, todos los lugares donde se rodaron las escenas de la película transmiten un halo que permite transportarse al lejano siglo de oro, algo por lo que ya de por sí merece la pena el viaje.

Manifestación multitudinaria

Se dice en los mentideros que en 1615, salieron a manifestarse por las calles de Sevilla, 20.000 de sus gentes para apoyar la Inmacularidad de la Virgen, cuestionada por los herejes protestantes, y que bajo Felipe III se ha considerado asunto de estado.

Galeón Andalucía

La réplica del buque del siglo XVII que representa a la comunidad de Andalucía en la Exposición Universal de Shangai puede ser visitado por el gran público en el muelle de las Delicias de Sevilla hasta el día 7 de marzo, fecha en la que partirá rumbo a China.
El navío, único en su clase, es una reconstrucción de los buques comerciales que hacían las rutas entre Europa, América y Asia. Su construcción concluyó despues de 18 meses en Puenta Umbría (Huelva) usando documentos del Archivo de Indias de Sevilla y modelos de Arsenal del Museo Naval de Madrid; empleándose diversos materiales como madera africana de iroko, roble, pino, hierro forjado, fundido e incluso fibra de vidrio y poliester. La nave será capitaneado por Gonzalo de la Cruz, catedrático de navegación en la Universidad de Cadiz.
El navío de 52 m de eslora, 3.40 m de calado y 600 toneladas lleva 10 cañones y casi mil metros cuadrados de vela entre sus tres palos; y en la popa la imagen de la Esperanza de Triana.
Para remarcar aún más la autenticidad del galeón a los navíos del siglo XVII, se ha celebrado la llamada “misa de galeones” la cual  se realizaba antes de la partida de los buques en las grandes travesías. Los únicos elementos contemporáneos presentes en el barco son los relativos a la seguridad, la comunicación y la navegación, lo cual incluye un motor.La resistencia del navío ha sido constatada por las grandes tormentas sufridas estos días en la ciudad que ha llevado a retrasar su marcha, la cual está prevista para poder arribar a la ciudad china en junio o julio, antes del día de la comunidad.

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Cárceles

Las edificaciones destinadas al confinamiento de los criminales, eran más que un lugar de encierro un lugar de reunión de los bajos fondos donde llevar a cabo prósperos negocios criminales, que acababan implicando tanto a los residentes como a las autoridades de la cárcel.

Existían diferentes cárceles en función del cuerpo gubernamental al que pertenecían: la de la Villa, la de la Corte, la Audiencia, la Hermandad, la Arzobispal, la Inquisitorial e incluso la de Contratación en Sevilla. En este caso haré una reseña de las cárceles de la villa.

Los edificios solían construirse en el centro de las ciudades como símbolo ejemplarizante ante la conducta criminal. En el caso de Madrid, la cárcel de la Villa se ubicaba en la Plaza de la Villa (si bien su representación en el Texeira no reflejaron las obras realizadas) mientras la cárcel de la Corte se localizaba en el pleno corazón de la ciudad al lado mismo de la Plaza Mayor, si bien compartía la función carcelaria con el lugar específico en que la Sala de Provincia del Consejo de Castilla y la Sala de Alcaldes de Casa y Corte impartían justicia. Igual de bien escogida era la ubicación de la prisión de Sevilla, en la confluencia de la calle Sierpes con la Plaza San Francisco, junto a la Audiencia y el Ayuntamiento.

Los delitos que podían ocasionar el encarcelamiento eran muy variados, desde muerte, robo, falsificación, hechicería hasta pecados. Los presos eran diferenciados únicamente por su condición social y su sexo, lo cual condicionaba su localización dentro del edificio. Desde su llegada a la cárcel, los reclusos eran cacheados para localizar armas y objetos ocultos en la ropa. Para ser conducidos a un calabozo, a no ser que se fuera gente importante, en cuyo caso eran alojados en la sala de linaje o aposentos, a razón de 15 reales al mes; en el caso de las mujeres eran llevadas a la mansión, protegida con doble reja, la zona femenina de la prisión, en caso de no existir una cárcel específica para ellas.

La distribución de las celdas solía originarse alrededor de un patio central. Sobre este se abrían los ventanucos de las estancias. Existían muchos nombres que designaban diferentes habitaciones. Los cuarteles eran las grandes salas donde se hacinaban la mayoría de los presos, encierros eran llamados los calabozos con luz natural, mientras que las celdas destinadas a los presos más peligrosos se llamaban pallazas o galeras viejas. El lugar también contaba con una capilla, una enfermería llena de enfermos reales o fingidos, una sala de confesiones, una cámara de tormento, corralón, patio del desahogo con una fuente para lavar e incluso una taberna controlada por el alcaide.

La vida en el interior de los recintos estaba marcada por la falta absoluta de higiene, multitud de enfermedades, además de maltratos y peleas que en ocasiones acababan en muerte y la obligación de pagar cualquier tipo de servicio. Todo en el interior tiene un precio, desde el mismo ingreso el reo debía pagar el tributo del aceite, que los viejos reclusos (avutardas) hacían recaudar a los coplillas (presos más jóvenes). El dinero lo repartían entre las avutardas y el portero, recibiendo los guardianes su parte a través del impuesto de calabozaje. Sobra decir que aquellos que se negaran a pagar podían pasar una mala temporada en las pallazas. La comida, bebida, las velas… también debían ser comprados, así como posibles favores, como jugar a los naipes o contar con alguna prostituta, quienes asistían de esta manera al mantenimiento de sus rufos apresados. No era éste el único negocio dentro de la prisión, pues la picaresca, la extorsión y las amenazas estaban a la orden del día. Tal era la importancia de los sobornos que había quien entraba y salía con impunidad gracias a los funcionarios corruptos.

Por otra parte la seguridad no era máxima dentro de la cárcel, las puertas permanecían abiertas hasta las 10 de la noche, cuando el alcaide hacía posesión de las llaves. Durante todo el día el lugar era una procesión de conocidos que acercaban comida u objetos a los presos, con los cuales podían hablar sin trabas, llegando a dormir dentro de la cárcel multitud de mujeres con el beneplácito del portero, quien aumentaba las ganancias.

A pesar de ello, las fugas se castigaban con dureza, pero era una práctica muy habitual, ya fuera mediante limas, sobornos, disfraces (de cura o mujer) o el engaño.

 Cárceles   carcel Cárceles

Los Galeones del Rey

 los galeones del rey Los Galeones del Rey

Obra: Los galeones del rey
Autor: José Calvo Poyato
Editorial: DeBolsillo 2009

La flota de Indias ha traído a Sevilla, además de una fabulosa carga de oro y plata, la peste. O eso dicen los rumores.
Sevilla, abril de 1646. El duque de los Alcores, alto miembro de la aristocracia sevillana, encabeza una conspiración. Para conseguir sus propósitos, los instigadores difunden el rumor de que los galeones recientemente llegados de América llevan en sus entrañas una epidemia de peste que ya ha causado estragos en las ciudades de la costa gaditana. Un experimentado médico y un maestro imaginero se enfrentarán, inesperadamente, a los conspiradores que capitanea el duque.

De lectura rápida y muy amena, el libro sabe narrar la sucesión de desastres que una noticia como la de la peste podía causar en una sociedad como la del siglo de oro. Además sabe engalanar el relato con el costumbrismo de la época, sin dejar de lado el ritmo de la acción y los personajes bien construidos.

Un samurai en la Corte Española – Parte II

El recibimiento en Madrid el 20 de diciembre de 1614 fue mucho más austero, dado que en este año habían comenzado las persecuciones en Japón a los cristianos con la aplicación de nuevas leyes que impedían el culto, debido a esto y a que la comitiva no era una representación oficial del emperador, el protocolo se redujo. A esto hay que sumar las influencias de los agentes comerciales de Nueva España y Filipinas que veían como malos ojos el acercamiento comercial a Japón y el pulso que mantenían los jesuitas, quienes habían atesorado mucho poder en la capital, con los franciscanos por las almas de los nipones. Por todo ello la comitiva fue alojada en el convento de San Francisco y no en un palacio como habría sido menester.

Más de un mes, hasta el 30 de enero de 1615, tuvieron que esperar Hasekura y Luis Sotelo para ser recibidos por el rey Felipe III. De nuevo anunció sus intenciones, centrándose esta vez en la carga política de su mensaje. Durante 8 meses permanecería el grupo en la Corte, entrevistándose con la nobleza y frecuentemente con el Duque de Lerma. Pero de todos los actos celebrados, el de mayor trascendencia fue el bautizo del propio Hasekura en la capilla del monasterio de las descalzas reales de Madrid; a la celebración acudieron la familia real y altos dignatarios y Grandes de España. El nombre cristiano que recibió fue Felipe Francisco Hasekura, tras lo cual fue recibido en audiencia por el joven príncipe Felipe.

Pero el viaje de la comitiva pretendía llegar hasta Roma, por lo que abandonaron la Corte de Madrid en 15 de agosto de 1615. La ruta usada fue la habitual para los desplazamientos a Italia: Alcalá de Henares, Daroca, Zaragoza, Lérida y Barcelona; donde por mar se dirigirían a Génova para alcanzar Roma. Mientras tanto las noticias que llegaban a España eran preocupantes, el Consejo de Indias se manifestaba en contra de la alianza comercial con Japón, además el envió de misioneros a dicho país será estudiado minuciosamente. La comitiva, por entonces, ya había llegado a Roma, deonde el papa Pablo V recibiría a Hasekura, en esta recepción el nipón pedía al Papa su intersección con Felipe III para conseguir un tratado comercial entre Japón y España y para que se enviaran misioneros a su país. Sin embargo el nuncio no pareció hacerle mucho caso, tan solo se decidió a mandar nuevos misioneros a un país que a esas alturas ya había limitado el comercio con el exterior a dos de sus puertos y las prohibiciones de la nueva fe.

Media año más tarde retornaría la embajada hasta Sevilla, debido a una orden interna que quería evitar conversaciones políticas en la capital. El viaje había sido desastroso para los intereses de los embajadores, quienes no conseguían un apoyo a su causa. De la treintena de japoneses que volvieron, unos veinte retornaron a Japón, el resto, incluido Hasekura y Luis Sotelo continuaron con presiones políticas cada vez menos escuchadas, los ministros españoles dudaban que los acuerdos que alcanzaran con Hasekura verdaderamente tuvieran valor ante Tokugawa Ieyasu, quien había aumentado las hostilidades hacia los cristianos. En julio de 1617 los miembros que quedaban volvieron a Japón tremendamente decepcionados y contrariados por el fracaso de su misión.

Pero algo quedó en España de esta visita del otro lado del mundo, pues un reducido número de japoneses no volvió a su país y decidió quedarse a vivir en Sevilla y alrededores. A causa de esto, hoy existen unas 1851 personas descendientes de estos nipones, de ellos 1344 residentes en la provincia de Sevilla, reconocibles por sus rasgos ligeramente orientales y, particularmente, porque llevan el apellido “Japón”.

Bromas que salen caras

Se dice en los mentideros que Felipe IV acabó muy enojado con su bufón Barbarroja en su viaje a Valsaín. El rey le preguntó si allí había olivas, contestando el bufón: “Ni olivas ni Olivares” en clara alusión al Conde Duque, con lo que se ganó su destierro a Sevilla.


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